Cuando el Auditorio se llenó de enanitos (20 abril 2013)

Ayer a mediodía la Sala Sinfónica de Madrid fue invadida por seres pequeñitos. No estamos en una película de ciencia ficción, no. Era el Concierto de Familia, en el Día del Libro, organizado por el Grupo Concertante Talía.

La Orquesta Metropolitana de Madrid se sentaba en sus puestos, mientras los peculiares espectadores se colocaban en sus sitios, acompañados de padres, tíos, abuelos; la mayor parte de ellos con las piernas colgando. Unos de rodillas sobre el asiento, otros en cuclillas. Otros a lo indio. Otros intentaban imitar a sus padres con las piernas cruzadas. Ya se sabe que la concentración cuando uno es pequeño requiere de posturas inusitadas. Los infantes más mayores con un cierto nerviosismo. Todos, todos con los ojos bien abiertos. Hizo su entrada en la Sala la directora, Silvia Sanz, precedida de un narrador de relatos muy especial, Goyo González. Si el nombre no les dice nada, quizá la voz del concurso “Cifras y Letras” les aclare de quién estoy hablando. Por cada pieza a interpretar, Goyo González leería un relato seleccionado de uno de los pequeños escritores concursantes, quienes previamente habían escuchado la pieza en casa. Para ello, sentaron al ilustre relator entre la directora y Jenny Clift, la primera violín. Así le podían vigilar bien.  La cara de nuestra directora estaba radiante, despreocupada. Dispuesta a disfrutar de su público infantil.

Comienza el concierto. Se escucha el primer relato, de la mano de esa voz impresionante del relator. La primera pieza de Rimsky-Korsakov, “El vuelo del Moscardón” estuvo amenizado por los miembros de percusión. No estamos en una película disparatada, no. Repito, no. Intentaban cazar al moscardón quien, sin ningún tipo de pudor, jugueteó por las cabezas de los miembros de la Orquesta, revoloteando entre ellos y sus instrumentos. Sólo al final de la pieza, tan impertinente ser fue capturado con éxito.

Le siguieron otras piezas diversas con otros tantos relatos. El Cascanueces, la Polka Pizzicato, el Cancan… Al llegar al intermedio localicé a mi barítono preferido. Ha cambiado su profesión habitual por la de pirata “Javier Sparrow” y consiguió grabar con su tronco-móvil dos de las piezas. Dejo más abajo, para disfrute de quienes me leen, el vídeo piratilla de la Barcarola de los Cuentos de Hoffman. También me topé con la Soprano Pizpireta, acompañada de la Soprano Blancanieves. No me conocía y la primera me presentó:

Mira, Soprano Blancanieves: esta es Elena Silvela.

Soprano Blancanieves pensó que debía reconocerme, pero en realidad no le sonaba de nada mi nombre. Soprano Pizpireta le aclaró:

Es Elena Silvela, “vidaenvioleta”, es quien hace las críticas de los conciertos.

Con estos datos, Soprano Blancanieves abrió los ojos y exclamó “Claaaro… ¡Ya sé quién eres!” Y me sonrió. Menda lerenda -la que suscribe- quedó muy contenta de ser reconocida. No obstante, algo en la conversación había captado mi atención. Dije:

Que yo hago… ¿cri-ti-QUÉ? 

Soprano Pizpireta y Javier Sparrow sonríeron. Continué:

Porque yo hago Crónicas. CRÓ-NI-CAS. Ea.

Decidimos hacer una travesura y despistar a la directora cambiándonos de sitio en la segunda parte del Concierto. No somos niños, pero todos hemos conservado el alma de tales. Nos fuimos, atravesando el escenario de la Orquesta, al lugar opuesto de la Sala Sinfónica, a sentarnos en unos asientos que había libres al fondo.  Yo quise colocarme en los asientos delanteros, pues tengo inclinación por comerme el Arpa, pero mi moción no tuvo éxito.  Otras seis piezas preciosas fueron interpretadas por esta maravillosa Orquesta Metropolitana de Madrid. Entre ellas, “Marte” de Holst. En ella, nuestro relator estuvo a punto de ser abducido por el entusiasmo de los arcos de los violines y violas y la batuta de Silvia Sanz. Todo quedó en un susto. La última fue la Obertura de Guillermo Tell. Quise aplaudir. Quise bailar. Pero no iba a ser yo la más traviesa de la Sala Sinfónica y me quedé quietecita, en mi sitio. 

Al terminar, se entregaron los diplomas a los escritores alevines. Subieron a recogerlos con una mezcla perfecta de orgullo, satisfacción, vergüenza y emoción. El relator pidió entonces, con mucho morro, una pieza de propina. Y le fue concedida. Es lo que tienen los Conciertos de Familia, cosas mágicas. 

Elena Silvela

Elena Silvela Ha publicado 300 entradas.

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