Cruces – por ÁLVARO MÁRQUEZ

Por entre las sombras desandaba las calles haciendo no obstante oídos sordos a las señales -esas del triángulo pintado de amarillo a rojo- del rigor térmico de aquellas horas centrales donde reina la hartible cigarra y el entrañable botijo refresca las memorias.

De repente se paraba y tomaba algo de aire frente al portón entornado del fresco umbral. Esto de la inercia térmica de un zaguán, pensaba, no lo descubrió el tal señor Carrier, más bien los hijos de Roma con inquina por Viriato y algo más tarde todos aquellos taifas que empiezan por al y que por aquí recalaron haciendo de la sebka pura orfebrería.

Por entre las sombras desandaba las calles a la sola búsqueda del instante del ayer, el geranio en la maceta que tapiza la vieja forja, la baldosa de dibujos bajo las grandes pilistras casi más altas que tus hermanos mayores, el babi manchado de colores feos, pan con chocolate o quizás alguna galleta migada en el tazón Duralex.

El instante en las memorias, la memoria en los instantes. Revuelo de faldas de tablas sobre medias de espuma en mi viejo patio de doncellas. Crianza, valores, tablas para las batallas que no habrían de faltar. Y llegaron, llegaron para quedarse.

Instante que es memoria, memoria de cabellos de plata.

 

Álvaro Márquez

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