Crónica de una audición – por ELENA SILVELA #misescritos

La escena es bastante vulgar. Mi marido y yo resolviendo unos problemas bancarios. Del otro lado de la mesa, gestora nueva dispuesta a ser la amabilidad superlativa. Nos relata cómo lleva su primera semana de trabajo a cargo de dos mil nuevos clientes, conociendo poco a poco a todos. Entusiasmada.

Oigo ruido de voces. Lejano. Con mucha naturalidad, le pregunto a mi marido. “¿Y esas voces? ¿De dónde vienen?” Me responde ella, gestora entusiasta. “Vienen del despacho de al lado”, mientras señala a mi espalda. Yo respondo, igualmente con suma naturalidad, “pues yo las oigo enfrente de mí” y señalo el lugar del crimen.

He de explicar en este punto que padezco una enfermedad en el oído denominada tubaritis. Eterna y crónica, en ocasiones tengo el oído tan inflamado que solo oigo por dentro de mi cabeza y ello me hace distorsionar el lugar de procedencia de los sonidos. Siempre pregunto, para despejar dudas. Una mera curiosidad.

Gestora no tan entusiasta ya, comienza a dibujar una mirada un tanto de horror. El rictus es claro. Madre mía del amor hermoso. Ha topado con la clienta esquizofrénica. Así, para empezar con buen pie su primera semana. No da crédito a su suerte.

Dejo pasar unos segundos. Siento una cierta lástima por ella y le explico el motivo. Alivio. Noto alivio.

 

Elena Silvela

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