Crónica de la Dama de Plica

Por ser este un concierto tan especial,

la crónica no ha de quedarse atrás.

La orquesta joven, llena de vida;

de blanco inmaculado y sonrisa deslumbrante.

En ella, tres infiltrados sabuesos:

Rudolph El Más Guapo, Jenny Clift y Alejandro Vivas.

Increíbles los vientos, magníficos violas y violines.

Allá, en la trasera, la percusión se afanaba

intercambiando los puestos,

corrían de un lado a otro, instrumento en mano,

sin desatino alguno.

Silvia Sanz, orgullosa como no puede ser de otro modo,

dirigía con ahínco, brazo arriba, brazo abajo,

curva en semicírculo, brazos en alto, contoneo de cadera;

mano abierta a veces, mano en forma de pato otras, mirada alerta;

con un taconazo atrás recomponía la cola de su vestido,

elegante, una y otra vez.

Un Barbero de Sevilla y una polka de La Novia Vendida

dignos de orquesta de soberanía;

y ese precioso West Side Story que quedó impregnado

en cada esquina del Auditorio.

La pieza de la Dama de Plica

fue la estrella y hasta fue en dúplica.

A las voces, Beatriz Maravillas Mil y Barítono Predilecto.

Doña Corchea no quería Plica,

y Magistrado ReMiguel no alcanzaba a comprender.

En algún lugar remoto, me consta,

se escondía Soprano Pizpireta,

mas no pude ver ni su coleta.

Grandes aplausos, largas ovaciones,

mucho corazón joven poniendo empeño

en donar todas sus notas a los niños enfermos del mundo;

a esos que creen en milagros

aunque no tengan medios para alcanzarlos.

 

Y colorín colorado… he aquí la crónica del Concierto de la Orquesta Infantil y Juvenil EOS de ayer noche en el Auditorio de Madrid, dirigido por la gran Silvia Sanz y a beneficio de los niños enfermos de AFANIC y la Fundación Pablo Horstmann. La cronista se quita el sombrero ante tanto talento, ilusión y ganas.

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Elena Silvela

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