Críticas constructivas – por RAFAEL DE LA TORRE

El Centro Interracial Dramático Artístico, más conocido por su acrónimo CIDA, es un grupo de teatro aficionado bastante conocido entre los espectadores de Valencia por su calidad y por la entrega ilimitada de todos sus integrantes, algunos de los cuales son refugiados e inmigrantes irregulares.

Situado a las afueras de la ciudad, entre el Cabaniyal y La Malvarrosa, desde sus filas en los últimos tiempos han surgido actores y actrices de enorme talento como Luisa Kaisa y Edgar Calvario, quienes se perfilan este año para los prestigiosos premios Salomón de Teatro, o Neil Deniger, revelación del festival de cine de Almansa y probable candidato a los Goya por su papel en Gentes del sur del aire; Neil es, como habrán supuesto, nigeriano.

Ante la escasez de apoyos públicos se financian por la venta de entradas y por el apoyo de particulares y de patrocinadores locales. Sirvan como ejemplo el restaurante La pasta o la mercería Hilo Fino, ambos próximos al local donde ensayan.

Tras muchos intentos he obtenido una cita para una entrevista en La pasta con el director del grupo, Anselmo Tilde. Ha sido complejo pues es la persona más modesta que conozco.

El éxito alcanzado se basa, según nos comenta Anselmo, en aprovechar las diferencias individuales marcadas por las diversas culturas para construir un grupo heterogéneo y sin fisuras, y para ello valora como un importante activo el origen multirracial de los integrantes. Aquí hay representantes de más países que en la ONU, y ni yo tengo derecho a veto, bromea.

Anselmo añade una idea muy nuestra aunque haya caído en desuso para justificar la popularidad de la troupe: el programa doble. Surgió, nos relata, por la necesidad de que pudiera actuar un número elevado de personas, ¡todos querían aparecer aunque supieran poco castellano! Se trata de escenificar dos obras de no más de cuarenta minutos cada una. Además, al acabar la pieza, los actores tienen un pequeño coloquio de diez minutos con el público, lo que genera ambiente, amistad,  hace crecer el número de seguidores y les permite practicar el idioma. He asistido y doy fe de todo ello.

Mi buen amigo Carmelo Viuti, el conocido crítico de teatro y también colaborador asiduo de estas páginas de divulgación, es un asiduo del CIDA. Si alguna vez coinciden con él pueden recordarle la siguiente anécdota de mi parte.

Había quedado conmigo pero llegó tarde por lo que no pudo ver la primera obra. Entró contrariado cuando pudo y, ante mí sorpresa, cuando finalizó la representación estaba exultante, lo que en él no es nada habitual pues suele guardarse sus opiniones muy adentro. Comenzó a elogiar a los participantes y a hablar del decorado y la iluminación, de lo humano y lo divino, lo burdo y lo sutil. Todo muy “Viutiniano”. Se trataba de un drama romántico y en una esquina del escenario podía verse una bandera pirata que Carmelo alabó con su fornido vozarrón por la simbología que añadía al vislumbrar posibles conflictos sin nombrarlos. Preguntó a los participantes cómo se les había ocurrido aquella idea y una joven con un tremendo acento argelino respondió con una carcajada:

— Anda la virgen, pero si es de la obra anterior. Quita hermano que eso sobra.

Así lo reconoce Carmelo en su muy recomendable obra “Críticas Constructivas”.

Hasta la próxima semana.

 

Rafael de la Torre

Rafael de la Torre Ha publicado 85 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *