Cosas nuevas muy a pesar de neuronas resabiadas- por ELENA SILVELA #misescritos

Cada día aprendo cosas nuevas. Sorprendente. Mientras mis neuronas resabiadas se afanan por borrar antiguas sabidurías, yo descubro otras. El mayor castigo que hay en el mundo es la quita de amor. No es humillante. No es un espectáculo. Es triste. Es lacerante, produce un dolor profundo del que uno quizá no se recupere ni en su tumba. Que te dejen de querer y no encuentres la razón. Que te dejen de querer un buen día. Alguien de tu sangre. Alguien que jamás podrá olvidarte, pues se parece a ti, es casi tú y se relaciona con las mismas personas que el desquerido. Un ademán antinatural de lo más común. También he aprendido sobre el descuartizamiento de San Juan de la Cruz. Y del asombro de Quevedo. Historia apasionante que supera a la pobre ficción y que algún día os relatarán con pelos y señales en esta revista. Algún día tendré una vajilla completa. Con tazas de café, tazas de desayuno, platos, fuentes, ensaladeras. Con todo. Conozco almas y conozco conciencias. Siempre ocurren cosas, el mundo cambia, evoluciona o involuciona, pero siempre muta. Este principio lo he de reformular en mi cabeza una vez tras otra. Lo desaprendo con facilidad pasmosa. Sé de la sencillez impactante de un recibimiento con llana sonrisa. De quienes no hacen quita de amor, sino constante suma de él. Conozco personas que merecen la pena.

 

Últimos reflejos en Ría Ondarroa. Óleo de Enrique Martínez-Cubells

 

 

 

 

Elena Silvela

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