Coplas tras la muerte de mi padre, por CHEMA BASTOS #homenaje #poesía

A lo largo de su vida mi padre escribió un buen montón de poesías que mi madre tuvo que reunir y registrar a su propio nombre después de que el autor original nos dejara un nueve de noviembre hace ahora tres años. No deja ser justo que ella aparezca en los registros, puesto que mi madre inspiró y sobre todo absorbió en primer término la onda expansiva de sus arrebatos creativos, y desde luego fue la se enfrentó a la burocracia que le exigió asumir la autoría de la obra como si fuera una herencia.

Este poema que publico en homenaje a mi padre, en la fechas que marcan los dos extremos de su biografía – el aniversario de su muerte y su cumpleaños – narra un recuerdo de su infancia, su encuentro con una partida de segadores, seguramente gallegos, que descendían del tren para llevar a cabo la siega en la Sigüenza de la postguerra.

Yo no puedo valorar la calidad de sus poesías, porque forman parte de mi vida y hasta de lo que soy, aunque intuyo que mi impresión subjetiva coincide con su valor objetivo, si es que existe tal cosa en la literatura. Lo que sí puedo hacer sin duda es acreditar la cultura wikipédica de la que extraía las referencias, y la intensidad con la que se aferró a los sentimientos, valores y principios que inspiraban su creación, sobre todo su inmenso amor a la humanidad en general y a los humanos que le conocimos en particular. Lo demás os lo dejo a vosotros.

 

Segadores en la Estación de Sigüenza

Eran fardos de pana polvorienta:
el erupto de un vagón de tercera,
en un día de un verano cualquiera
de los años cuarenta.

Eran fardos sudorosos sin nombre,
pardos bultos andantes sin historia:
los despojos de una vieja victoria
del hombre sobre el hombre.

Eran raída boina en la cabeza
y una hoz inquietante al cinto atada
y una antigua tristeza
sorda, desesperada,
tras los rostros de piedra, amordazada.

¡Herméticos, celtíberos semblantes
del martillo social obra cumplida,
prisioneros silencios lacerantes,
ternuras sin salida,
nostalgias de una patria nunca habida!

Y el chiquillo burgués recién bañado,
corto de edad y largo de conciencia,
con dudosa inocencia
todo roce evitado,
pasaba junto a ellos con cuidado…

Larga memoria claman, segadores:
la trama milenaria
que, a costa de vosotros, ajustó
la asamblea letal de los señores,
el salario de bronce que os tiró
la chusma propietaria,
la paga extraordinaria
-tan rara vez se os dio-
de una frasca de vino compartida
con el amo, del sol a la caída

Procede, pues, con verso libertario,
veraz y panfletario
decir, contra el olvido que nos tienta,
que erais fardos de pana polvorienta,
pardos bultos andantes sin historia,
cicatriz no cerrada en mi memoria,
roja cifra de no saldada cuenta.

Y que se os debe, en suma, la moneda
que se acuña en las cecas del Talión;
se os debe y aún os queda
el derecho a invertirlo en el mercado
donde, a plazos pacientes, o al contado,
se compran la sonrisa y la canción

La punta de inclemencia
latente en la cuidada reticencia
del chiquillo burgués que aquí se explica,
así lo certifica.

Chema

Chema Bastos

Chema Bastos Ha publicado 24 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *