Confort – por JAVIER PECES

Benditas sean las hordas de charlatanes del vaso medio lleno. Son como el coro de una de esas iglesias evangélicas que frecuentan los afroamericanos, las gentes de color. De color negro, por qué no decirlo y ser tachado de políticamente incorrecto o cosa peor. Negras y brillantes pieles perfectamente combinadas con el azul eléctrico de sus túnicas. Delicada confección y escrupulosa labor de plancha. Se mueven al compás y repiten con rotundidad y alegría el mantra del predicador: “¡Sal ahora mismo de tu zona de confort!”

Rompamos una lanza en favor de semejante lugar. Por varias razones. La primera y principal, por el simple placer de soliviantar a los autores del abundante material de auto ayuda y positivismo vacío que pulula por nuestras redes.

La zona de confort te hace sentir cómodo y seguro, cosa importante en estos tiempos de precariedad, miseria e incertidumbre. Un poco de abrigo para mitigar la inclemencia de la que está cayendo. Un respiro para recuperar las fuerzas que necesitaremos en los tiempos revueltos que se aproximan.

Seamos serios. Fuera de ahí no valemos un pimiento, a nada que ostentemos una determinada capacidad profesional. Por su propia naturaleza, el vendedor de humo está exento de esta debilidad. Es un charlatán vacío en una feria de pueblo, en una red social y en la tribuna de oradores del salón de actos del más distinguido club de campo. Y se le ve el plumero en el minuto tres, por lo que tiene que saltar de charca en charca si quiere sobrevivir. Es habilidoso, y disfraza de innovación su constante huida hacia adelante.

Pero bajemos al nivel de la gente corriente. Si tienes una familia que alimentar no puedes permitirte andar con estos líos, excepto si el sustento de tus polluelos proviene del propio rollo tártaro. Cuántas mariscadas hay que comerse en el trabajo para llevar a casa un plato de lentejas…

Y así, de argumento en argumento ¿hasta el infinito? Ni de broma. Al precio que están los combustibles, a mí que no me esperen por allí.

Para salir de la zona de confort, primero tienes que tenerla ordenada, limpia y aseada. Y no, los españoles en general -que me disculpen las numerosas, brillantes y honrosas excepciones- no somos muy de esforzarnos en dominar lo nuestro. Nos caracterizamos por hacer lo mínimo y sujetarlo con alfileres, tente mientras cobro, que esta tarde hay fútbol. Mañana ya si eso.

El trabajo bien hecho es muy de alemanes, según dijo alguien cercano a los círculos íntimos del poder. Hablo de los años sesenta. Eso era poder y no esta porquería. Lo nuestro era -y es- la chapuza, dicho sea en el mejor sentido de la palabra. Somos capaces de resolver un problema con cuatro palos y un alambre. Y si no hay palos ni alambre salimos del paso con una piedra.

Lastimosamente, se pone de manifiesto nuestro defecto colectivo cuando queremos que ese apaño perdure. Llevados por la ancestral codicia de empresario español, evitamos dar la solución definitiva y dejamos la provisional en funcionamiento hasta que el chiringuito se hunde con gran estrépito. Qué le vamos a hacer.

Nos fascina el beneficio rápido y fácil. Y nos desvía del objetivo principal ese hábito tan norteamericano:  invertir los beneficios de ayer en el negocio de mañana. Nada de desarrollar empresas y verlas crecer. Avanzamos lo justo para tener un cochazo, un velero y un chalé en primera línea de playa. Un minuto después, si asoma la quiebra nos da igual. Ya montamos otro chiringuito con el mismo nombre y un palito más en los números romanos del sufijo. Promociones Inmobiliarias El Gran Chorizo XXIII.

Y va la ley y nos lo permite. Esto lo ve un nórdico y le da el rigor mortis. Ellos, que son duramente castigados por lo público al mínimo desliz. Ellos, que dimiten de motu proprio por cosas que los listos de aquí ni siquiera reconocen como ilegal. Ellos, que tienen vergüenza.

[Me pregunto por qué la llamamos torera por estos lares, y no camionera o taxista o registradora de la propiedad, un suponer. Ya miraré la whiskypedia y les daré cumplida información de lo que corresponda…]

En fin, que menos cafelitos, menos tertulias de pasillo y más profesionalidad y trabajo bien hecho. Y cuando tengas la zona de confort como los chorros del oro, entonces puedes animarte a dar una vueltita por los exteriores a ver qué se cuece, pero sin perder las llaves del calabozo por si hay que volver a resguardarse de la tempestad.

Con el permiso de ustedes, me quedo a cubierto y evito en lo posible las salidas al estilo aventurero que, en mi humilde y honesta opinión, están bastante sobrevaloradas. Me agarro a lo que conozco y domino. Sigo en lo que me hace destacar de la multitud gris, se pongan como se pongan los autores de literatura positivita.

Por otra parte, como de estos hay a patadas y muy buenos, tampoco puede uno planteárselo como salida profesional. Así que más vale seguir a lo de siempre, y que sigan llamándome loco cuando me ven frente a la pantalla negra, esa fuente de conocimiento, verdad y vida tan certera como ininteligible para los no iniciados.

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Javier Peces

Javier Peces Ha publicado 35 entradas.

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