Como un idiota – por ALEJANDRA MEZA

Bernardo no soportaba las recompensas con que la buena fortuna bendecía a Odilón. ¡Semejante idiota! Y se da el lujo de tener esa mujer que parece una diosa griega, un cargo decente, dos hijos bien portados que no se hurgan las narices frente al jefe en las reuniones que organiza la compañía. En cambio, yo, preocupado por la hipoteca, por el haber y el deber de mi cuenta bancaria, por hacerle el amor a Felisa cuando menos una vez por trimestre. Debería ser un idiota, como Odilón. Pensar como un idiota, actuar como un idiota. Quizá así me fuera mejor en la vida, reflexionaba. Pleno de una flamante valentía y auto-convencido de que tomando medidas idiotas no solo llegaría más lejos, sino que lo haría felizmente, decidió gastarse los recursos que había reservado para una situación de emergencia, presentarse de pronto en su hogar y embarcarse con Felisa en una vacación en una playa lejana.

Camino de su casa, condujo su vehículo con furia, apurado, rozando el peligro, celebrando en sus labios apretados la dicha anticipada, consciente de que con cada vuelta del volante se la estaba jugando. Conducía como un idiota mientras pensaba que no era tan difícil serlo. Así, envuelto en un arrebato y con el vuelo que llevaba, abrió la puerta de la vivienda de un golpe y se dirigió a la cocina, donde lo aguardaba Felisa de ordinario. Nada, no la halló. Gritó «¡Felisa, Felisa!», mas no obtuvo respuesta. Unos extraños jadeos masculinos, ─diríase de amorerótico─, lo impulsaron a subir por las escaleras a zancadas con rumbo hacia su habitación, donde encontró por fin a Felisa, desnuda y acompañada. Ella lo cuestionó:«¿Pero qué haces aquí a esta hora?». Bernardo se paralizó y de su boca abierta no salía ni siquiera vaho. El cómplice de la mujer, tomó sus pertenencias con calma y desapareció de la escena. Entretanto Bernardo permanecía atónito,clavado al suelo y en silencio. Felisa se impacientó y recriminó a su marido:«¡Di algo, te lo exijo ¿o vas a quedarte ahí, como un idiota?». Labios adentro, Bernardo musitó pues sí, que todo parece decir que sí, que me he vuelto un idiota.

 

Alejandra Meza

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