Como en casa con Ava, por PATRICIA MARTÍNEZ DE VICENTE #memorias #escritos

No era ningún secreto, y ya lo he comentado más veces, que mi padre era el médico de cabecera de Ava Gardner mientras ella vivió en España. Una relación que provenía desde cuando ella llegó a vivir al Hotel Castellana Hilton, donde él tenía una consulta médica para los clientes y empleados. Y de donde salieron otras relaciones curiosas con actores y actrices de más o menos fama a su paso por Madrid. Algo que en ocasiones también compartió en familia. Pero ninguna de ellas fue tan singular, prolongada y cercana como con Ava. Como ocurría con frecuencia con ciertos pacientes, esa estrecha relación profesional pasó a ser personal, al punto de que llegó un momento en que no se sabía si sus encuentros eran privados o médicos. Incluso he publicado en alguna de mis novelas que mi padre intentó ayudar a que Ava adoptase un niño español para salvar su tormentoso matrimonio con Frank Sinatra. Lo que traigo hoy al recuerdo al cumplirse el centenario de su nacimiento, y que nunca se logró por la testarudez de aquellas monjas intransigentes de los orfelinatos españoles que no veían con buenos ojos la moral de los futuros padres. De modo que fueron ellas quienes le negaron ese hijo tan deseado a pesar del interés que puso mi padre para lograrlo.

Esta es la única foto que conservo dedicada de Ava Gardner. Tampoco queda por casa ningún recuerdo suyo, u otra foto que ella le dedicara a su médico particular. Es curioso que el exceso de intimidad muchas veces no deja una huella física, aunque quede para siempre en la memoria de los protagonistas, y este es un claro ejemplo.

El insomnio de Ava Gardner era famoso. Podía pasarse noches sin dormir, normalmente de juerga si estaba en España, cuando tumbaba de agotamiento –y alcohol, para ser sinceros– a sus acompañantes. Así que su dependencia a los somníferos era un hecho. En una ocasión en que se quedó sin píldoras para dormir, Ava llamó a casa para pedirle una receta a mi padre, que en ese momento estaba con gripe en la cama y no se podía levantar. Mi madre la atendió muy amable y le pasó a él el mensaje. Él se encontraba tan débil y con una fiebre tan alta que le transmitió la respuesta a través de mi madre:

-Dile que venga, que le doy mis píldoras.

Y así fue. Al poco rato apareció Ava Gardner en nuestro piso madrileño, descalza y escoltada por dos perros corgie, como los de la reina de Inglaterra. Entonces se armó un cataclismo con los tres que teníamos nosotros, pero ella no se arredró en absoluto y siguió adelante. Nos saludó muy cariñosa a mi madre y a mí, como de costumbre y entró muy confiada hasta el dormitorio de mi padre, que apenas la podía saludar por su debilidad. Él le entregó sus propios somníferos y la actriz, por cortesía  trató de quedarse un rato a charlar con él para animarlo. Gracias a que yo estaba delante y pude echarle un cable cuando me gritó:

   – ¡Llévatela!

Ava asustada me miró y afirmó:

   – Qué malo está, ¿no? – Como así era.

Esa fue la última visita de la actriz a nuestra casa antes de marcharse a vivir a Londres.  Mi padre falleció al año siguiente.

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Fotografía de Patricia Martínez de Vicente

Patricia Martínez de Vicente

Patricia Martínez de Vicente Ha publicado 19 entradas.

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