Ciudad sagrada, por PABLO RODRÍGUEZ CANFRANC #soneto

Después del seísmo despertó en ruinas
el orgullo de la ciudad sagrada;
en trozos quedo la victoria alada
antes temor de las polis vecinas.

Enterraron todos los estandartes
entre los cascotes desperdigados
de lo que un día fueron los tejados
del templo de la diosa de las artes.

Y finalmente, serenos partieron,
siguiendo al sol hacia el bermejo ocaso
(no pocos de nostalgia perecieron),

Mucho tiempo más tarde, tras el paso
de siglos, los niños cantan historias
de una lujosa era de oro y de raso.

Pablo Rodríguez Canfranc

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