CINE. “El Maestro del Agua” – por FERNANDO REVIRIEGO

“Dulce et decorum est pro patria mori”, era esa vieja mentira que rezaba el conocido poema de Wilfred Owen, sin duda uno de los más destacados poetas de la Gran Guerra, luego Primera Guerra Mundial. Un poeta que encontró la muerte en los campos de combate de Francia apenas unos días antes del armisticio: la hora 11, del día 11, del mes 11 de 1918.

el maestro del agua
Wilfred Owen

100 años cumplen ahora de una de las batallas más terribles que tuvieron lugar durante aquella contienda, la que tuvo lugar en la península turca de Gallipoli.

Un fracaso de los aliados que supuso unas trescientas mil muertes en sus filas y que culminó con una dolorosa retirada de las tropas que comenzó en diciembre de 1915.

Y una batalla que todavía un siglo después se celebra por todo lo alto en varios países de los bandos entonces enemigos.

Por un lado en Turquía, vencedor de la misma pese a que tuvo casi tantas bajas como los aliados. La victoria fue, a la postre, el anticipo del nacimiento de la nueva Turquía, liderado por el propio hombre que condujo a la victoria en aquella batalla: el General Mustafa Kemal, quien luego se convertiría en Kemal “Ataturk”.

Por otro en Australia y Nueva Zelanda, donde esta batalla supuso en realidad la manifestación de su nacimiento como nación: el 25 de abril es un día festivo (el día Anzac) recordando el desembarco de las tropas en Gallipoli.

Sobre esta batalla se ha escrito mucho, siendo imprescindible la lectura, por supuesto, del trabajo del célebre periodista y corresponsal de guerra, Alan Moorehead (“Gallipoli”, 1956), autor también de una célebre biografía de Winston Churchill, precisamente una de las personas que más responsabilidad tuvo en aquel desembarco de Gallipoli (allí llamada Batalla de los Dardanelos), siendo por aquel entonces primer Lord del Almirantazgo.

Y también ha sido objeto de diferentes acercamientos cinematográficos como la magnífica película de mismo nombre dirigida por Peter Weir en 1981 protagonizada por un joven Mel Gibson, actor australiano precisamente, que ya había comenzado a hacerse famoso poco tiempo atrás en la distópica Mad Max.

Acaba de ver la luz otra película El maestro del agua, dirigida y protagonizada por el neozelandés Russel Crowe.

Una película que nos muestra temas no abordados en la película de Peter Weir, como los desaparecidos en combate, los traumas de las familias, la reconciliación de los países, la búsqueda de los cuerpos…

Y también el tema del nacimiento de la nueva Turquía, sus héroes, sus traidores, sus batallas, el conflicto con Grecia…

Una película muy interesante desde el punto de vista histórico y político, y que, en algún momento, nos recuerda el maravilloso ejercicio de Clint Eastwood en Cartas desde Iwo Jima y Banderas de nuestros padres, en donde ver desde dos cristales, desde dos mundos diferentes, una guerra y sus consecuencias, siempre con un mismo peaje de muerte y dolor.

Quizá en todo caso, por ponerle un pero, excede de fantasiosa en algunos momentos de la trama.

Totalmente surrealista resulta la escena en que el protagonista y padre de los desaparecidos, busca en un campo, con dotes de zahorí, los cuerpos de sus hijos cuatro años después de dárseles por fallecidos y… los encuentra….

“Están aquí”, le dice al capitán inglés señalando la tierra. Al poco después de cavar encontrarán la medalla del hijo y correrá, jaleado por un sargento, hacia el militar turco que dirigió aquellas tropas: “Usted mató a mi hijo” le grita una vez que ya le han inmovilizado. El turco responde con una tranquilidad que le desarma: “Ustedes los enviaron. Ustedes nos invadieron”. En otro momento de la historia, ahora en pleno combate con los griegos le espetarán: “No invadas un país si no sabes dónde está”.

Encuentra a los hijos…o al menos a dos de ellos. ¿Qué habrá pasado con el tercero? No desvelemos la trama..

También surrealista, aunque en mucha menor medida, la anécdota del primer australiano (uno de los hijos del protagonista) a que el mayor turco conoció en la trinchera y le robó el tabaco y el mechero.

Una búsqueda originada en la promesa hecha por el padre de los desaparecidos (Russel Crowe) ante la tumba de su mujer que, un día de desesperación por no tener los cuerpos de sus hijos junto a ella, se suicida ahogándose en el lago y a la que el sacerdote en principio quiere negar por este motivo la sepultura, a la par que justifica y aplaude las muertes en combate. Finalmente acepta aunque exigiendo como contraprestación un carro que “.. vendrá muy bien a la comunidad. Una ofrenda a Dios”.

Un tema muy interesante que también aborda la película es el de la discriminación de la mujer en estas sociedades, especialmente visible en el caso de la mujer turca (viuda de un soldado también muerto en Gallipoli) y a quien su cuñado quiere tomar como segunda mujer.

De hecho, de las pocas positivas que podría apuntarse de la Primera Guerra Mundial sería precisamente la influencia en la lucha por la igualdad por la mujer, el acceso al trabajo, el derecho de sufragio…(muy recomendable en este último punto la película Iron Jawed Angels protagonizada por una estupenda Hillary Swank en el papel de Alice Paul).

Para terminar estas breves notas, una mera excusa para animar a ver esta película, nada mejor que recordar completa la última estrofa del poema de Owen, aunque, claro está, sin olvidar de citar antes la célebre frase de Samuel Johnson “el patriotismo es el último refugio de los canallas” y que apuntara con ironía el coronel Dax (Kirk Douglas) en su conversación con el general Paul Mireau en las trincheras, en la soberbia Senderos de Gloria.

“Si pudieras oír, a cada tumbo / la sangre vomitada por pulmones de espuma corrompidos / obsceno como el cáncer / amargo como pus / de viles llagas en lenguas inocentes / amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo a los niños que arden ansiosos de gloria esa vieja mentira / dulce et decorum est pro patria mori”.

the water diviner

Fernando Reviriego

Fernando Reviriego Ha publicado 32 entradas.

One comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *