Ciclo, por RAFAEL DE LA TORRE #escritos

Estrellas lejanas sobre las montañas y luces de la ciudad frente a mí. De fondo pájaros, chicharras y una sinfonía de cencerros de vacas que forman una sinfonía en mi honor, allí sólo en la laguna de Peñalara. La hierba aún está fresca, suave al tacto, a causa de la humedad de la noche en este caluroso mes de julio. Arranco una flor y la mastico, como cuando era niño, y escupo los restos. No sé que ven las vacas en esto.

Paz, mucha paz.

Ayer pasé la noche fuera del centro de desintoxicación por primera vez desde cuando ingresé, hace un mes, a causa de una recaída con el alcohol como les confesé en mi relato “hasta siempre”. Hasta ahora me habían dejado abandonar el establecimiento sólo los domingos por la mañana, acompañado por María, mi mujer, para ir a jugar al ajedrez a Alpedrete, un bonito pueblo de la sierra madrileña próximo a Villalba. El doctor Juárez, el psicólogo que lleva mi caso, opina que es bueno que recupere la tensión de la competición para abandonar otros hábitos. María me recoge temprano, aparca a medio kilómetro de mi destino, y se va a caminar hasta que la llamo tras acabar la partida para que me recoja en el mismo punto en donde me dejó. Llego a la sala del torneo dando un paseo y me voy de igual manera, sin quedarme un segundo pues existe el riesgo de acabar en algún bar con otros jugadores. Nadie allí sabe que estoy internado. Y mucho menos ninguno imagina que en algún momento estuve a un paso de la élite.

En el tratamiento, en la residencia, hablamos de todo con los facultativos y los demás pacientes. El equipo es más profesional que cuando me interné la vez anterior hace treinta años. Hacemos deporte —no recuerdo que tuviera piscina entonces, pero ahora paso horas nadando — y tenemos terapias individuales y de grupo. Son tremendas las tragedias de muchos de los que me rodean. Desde muertes violentas de hijos a depresiones por exceso de trabajo, abandonos conyugales, abusos sexuales o desempleo. Es bueno saber que tus desgracias son menores en comparación con otras.

Entresemana hay, sobre todo, tiempo para meditar, para buscar las causas de los problemas, para intentar desentrañarlos, para bucear en nuestro interior. Y eso he hecho.

A lo largo de este año mi principal actividad ha sido escribir. He tratado en mis relatos sobre la vida y la muerte, la crisis, la reforma laboral, la corrupción, el soberanismo, el amor, el Alzheimer, el pirateo, las grandes cadenas comerciales, el blanqueo, la prostitución, los niños y los ancianos… Me he expresado a veces con humor y a veces con rabia, mezclando realidad y ficción —esta historia es un ejemplo—, pero siempre con un tinte de originalidad. O al menos lo he intentado. Estoy orgulloso de los resultados.

También me había marcado empezar otra novela si “El efecto Anthony Miles” alcanzaba los trescientos ejemplares vendidos. Ya ha llegado a los cuatrocientos y sólo gracias al boca a oreja. Cifra modesta aunque un éxito total para un libro sin editorial. Permítanme que se lo recomiende —ya saben que está disponible en Amazon.es— a quienes no tengan lectura este verano, no se arrepentirán. Y gracias a quienes ya lo han leído y recomiendan, especialmente a Jose Antonio que se ha tomado la promoción casi como algo personal.

Voy a consultarlo con el doctor Juárez, pero antes quiero comunicárselo a ustedes. Ha llegado el momento de cambiar de ciclo, de, por un lado, regresar a los tableros —por supuesto como mero aficionado—, .y, por otro, cumplir mi promesa de iniciar una segunda novela. Aún ignoro el tema, pero les aseguro que no será la continuación de El efecto Anthony Miles. Nunca segundas partes fueron buenas y no quiero estropear la primera con una mala sombra.

Todo esto pensé ayer por la noche, cuando vi al fondo soles que ya no existen y luces en la ciudad que se borrarán para siempre . La inercia nos impulsa pero nosotros decidimos Hay que aprovechar el tiempo. Cerrar el ciclo. Abrir otro.

Repaso el texto y al mirar los asuntos tratados echo de menos uno: el sexo. No puedo dejarlo así. La próxima semana escribiré sobre sexo y, salvo que el doctor Juárez lo considere contraproducente, romperé momentáneamente — un mes, un año,…— mi relación con ustedes en la revista para intentar escribir un libro nuevo.

Espero seguir contando con su apoyo.

azulejos3

Rafael de la Torre

Rafael de la Torre Ha publicado 85 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *