CERTAMEN MICRORRELATOS – Los textos finalistas

FINALISTA N. 1

Nunca os separarán – por ANTONIO DELGADO

Os cambiaron el nombre pero seréis siempre eternas. Una joven, otra añeja, pero sabias en lo que a sus gentes respecta. Gente llana, gente ruda, gente amable, comunera. No podrán dividiros, aunque muchos lo intentan y sin embargo de vuestras almenas y torreones, colgados con alta la cabeza, miles de pendones cuelgan. Paraíso de campos, viñedos, huertas y acequias; calles mayores, toros y fiestas; jotas que cantan, dulzainas que suenan; ríos que pasan y que pasando riegan, el fruto del trabajo de tus hijos y tus hijas sinceras; días de sol duro y noches de estrellas; sudor en los prados en el trigo y la avena, la cebada y las frutas que de tus árboles cuelgan; catedrales, palacios y olmos en las riberas; y conventos y monasterios que rezan bajo la piedra. Castilla la Nueva, Castilla la Vieja… el sol… el viento… la tierra…

 

FINALISTA N. 2

El milésimo primer día – por GUERRERO

Scheherezade, como siempre, se levantó tarde. Después de vestirse y desayunar, se dirigió cansinamente a la estancia donde preparaba las historias que cada noche contaba a su marido, el sultán Schahriar. Estaba a punto de acabar la historia de Maruf, el zapatero. ¿Cuál sería la siguiente? Scheherezade estaba cansada. Llevaba casi tres años con esas historias. Se había hartado de genios, eunucos, esclavas, del califa Harún al-Rashid y de su visir Yafar. Estaba decidida. Cuando terminara la historia de Maruf, le diría a Schahriar que le cortara la cabeza, porque ella, Scheherezade, no contaría más historias.

 

FINALISTA N. 3

Alzheimer – por HUMBERTO FIGAROLA

Los dos tramos de escalera son su pesadilla, su suplicio diario; apenas consigue respirar a través de ese par de viejos bronquios arruinados por el tabaco. Abre la puerta del piso y, casi sin aliento, llama a su mujer:

 —María, María, ¿dónde estás? —Nadie contesta. Alarmado, pasa al dormitorio, y en su cama (esa que comparte con ella desde hace más de sesenta años) ve a una joven durmiendo. Es bellísima, y está casi desnuda. Se acerca a ella y la despierta agresivo, zarandeándola:

—¡¿Quién es usted?! ¿Dónde está María? —

Ella abre los ojos y entre sueños le pregunta

—¿Qué pasa? ¿Por qué chillas?

—¿Qué hace usted en mi cama?, ¿dónde está mi esposa? ¡¿Qué le ha hecho?! ¿Qué ha hecho con ella? ¡Maldita, la voy a…! —

La mujer intenta calmarle:

—Tranquilo, tranquilo cariño, échate a mi lado, te haré un masaje, ya verás: te sentará bien.

Se derrumba en la cama, destrozado. María le quita la chaqueta, los zapatos, lo acaricia… se va relajando.

—Tus manos, son beneficiosas, ¿lo sabes?

—Sí lo sé amor, siempre me lo has dicho.

—Te veo tan joven, tan guapa… te quiero tanto…

—Y yo a ti. Eres el amor de mi vida.

—Y tú el mío. Sigue, sigue, no pares, María, no pares.

Y se va adormilando… y sueña con ella cuando eran unos críos, cuando se prometieron amor eterno. Era una niña tan inocente, tan bonita…

Qué imágenes más queridas, qué tranquilidad le invade… poco a poco, suavemente, va dejando de respirar.

 

FINALISTA N. 4

Mar interior – por SERGIO LÓPEZ VIDAL

Maldito viento que saca a la gente de quicio, y adereza ataúdes con la salina tierra que nos rodea, cubriendo con el velo mineral las vidas que cristalizaron en ella.

Gonzalo regusta su golosina dominical en la punta de su lengua, intentando burlar la salobre y perpetua saliva del destete. Yuste, el bibliotecario, le cuenta que somos como esos pequeños peces varados en espera de la pleamar. Que nunca mueren lo suficiente ni viven demasiado.

Hay toque campanero de muerto, marea baja que hiere el censo conocido. Porque aquí el duelo arraiga como una glauca veta que atraviesa los curtidos pechos de toda la comunidad.

Gonzalo acude con la cotidianidad de su ropa de domingo, y de médico, y de entierro. La biblioteca hoy está cerrada. Yuste le sonríe, y con disimulo bracea nadando al aire. A Gonzalo le gustaría repetir el mismo gesto, pero el seco frío y, sobre todo, su rubor de viejo adolescente se lo impiden. Ladea su cabeza, y sube sus destensadas calcetas hasta más arriba de sus rodillas. Sabe que antes o después subirá la marea. Ofrece sus respetos al finado, mientras dibuja con el dedo unas onduladas líneas que semejan olas sobre el féretro.

El cortejo fúnebre camina como un cuerpo único al camposanto, Gonzalo un poco más retrasado observa la yema de su índice, blanca de sal. La sal de nuestro mar interior.

 

FINALISTA N. 5

Las alas de Ícaro – por GOYO QUIJANA

Se reponía lentamente del esfuerzo. La espalda apoyada en la pared, pausadamente, su respiración fue haciéndose más tranquila, más cadenciosa, serena incluso.

El gélido invierno cortaba sus pulmones y helaba sus sienes, mientras el viento desbarataba su descuidado cabello.

 Cabeza alta y mirada al horizonte. Sola, pequeña, ella y el sol de la tarde quemando las imágenes que años de humillaciones, desprecios y malos tratos habían grabado a sangre en su retina. Y marcado a fuego su piel. Ni una lágrima para apagarlo.

 No lo dudó. Un solo paso. Fue sencillo. Atrás, en lo alto, quedaron sufrimiento, abusos, soledad, vejaciones, llantos. Él.

El hecho en sí duró poco, apenas unos segundos, pero el vuelo… ¡el vuelo fue eterno!. Su equipaje voló con ella. Sus ansias de libertad, de compañía, de amistad, de comprensión…

 Abajo, le cubrió una simple sábana blanca.

Arriba, le cubría un inmenso e infinito azul intensamente estrellado, en su vuelo directo al sol, con unas delicadas alas que, sin nadie que las volviese a quebrar, esta vez, no se derritieron.

 

FINALISTA N. 6

La eterna luz – por ÁNGELES VAQUERO PASCUAL

El aire llenaba la atmosfera y no podía respirar. Cogió las llaves del coche y bajó las escaleras de dos en dos, como si un fuego la obligara a huir. Intuitivamente llegó hasta él, lo abrió, puso la llave en el contacto asiéndose fuertemente al volante y comenzó a rodar sin rumbo con la mirada perdida en el horizonte.

Cuando se dio cuenta, estaba en un largo túnel. Dirigió su mirada al retrovisor y, tras ella, divisó una pequeña luz que cada vez se hacía más diminuta hasta desaparecer. Entonces salió de su contemplación y miró hacia delante. Sus ojos se clavaron en una nueva luz, que poco a poco dejaba ver su cara atrayendo su mirada. Respiró, aceleró y se dejó llevar con ímpetu hacia la luz. En ese instante, fue consciente de que en la vida hay puertas que se cierran y otras puertas que se abren. Su respiración se fue haciendo pausada, rítmica. Comprendió que para ser feliz solo hay que saber dejar ir las cosas que te anclan.

En su dolor por la pérdida del que fue su amor, esbozó una sonrisa y comprendió que había tenido el privilegio de amar y ahora lo importante era ella. Más serena, se encontró al salir del túnel con las montañas, el sol, el aire, la luz… En definitiva, la vida que le quedaba por vivir. Comprendió que por muy oscuro que parezca el día, siempre hay un rayo de luz que se cuela en la inmensidad del cielo.

FINALISTA N. 7

Golondrinas – por María Martha Chaparro

A  la biblioteca de un pueblo junto al mar, llegó una bandada de golondrinas. Allí anidaron. Hicieron sus nidos con recuerdos, algunos tristes, otros  alegres, con lágrimas, con suspiros, con añoranzas. También con fe. Traían consigo, sin saberlo, poemas,  cuentos,  historias de antaño y de hoy, historias verdaderas y otras historias, inventadas. Y se quedaron allí, todo el invierno. Llenaron, con sus aleteos y sus trinos, la biblioteca de alegría, de amistad, de sueños y esperanzas. Y llegó la primavera. Con la primavera, las golondrinas ya tenían sus nidos florecidos de bellas y perfumadas palabras. Y un día de diciembre, cuando estaba por nacer una vez más, el amor más perfecto y aires de cigüeñas anunciaban la llegada de un nuevo año lleno de ilusiones, las golondrinas sintieron que las llamaban desde el mar y partieron.  Y la biblioteca quedó llena de flores que impregnaron todos los libros, todos los rincones,  escondidas entre los maderos del techo. Esperando. Cuando el  viento del otoño comience a soplar y se desprendan de los árboles las  hojas amarillas, las golondrinas a la biblioteca  volverán, otra vez, sus nidos a crear.

 

FINALISTA N. 8

La novia del mar – por JAVIER PECES

Santander ostenta el título de novia del mar desde tiempos inmemoriales, según tradición plasmada en canción popular. La ciudad entera contempla el océano desafiante, y esto se nota nada más llegar al mítico paseo de Pereda. En su calidad de capital de provincias, impone algunas servidumbres a visitantes y habitantes. Es preciso guardar las formas, respetar las tradiciones y conducirse con mesura aunque medie ingesta de rabas y aderezo con caldos o espirituosos.

Emiluco, ilustre natural del lugar, jamás había visto una mujer en cueros. La reciente apertura de “una de esas salas” era la ocasión que pintaba calva. Vistió la gabardina del abuelo, bien levantado el cuello, en torpe intento de permanecer en el anonimato. Un sombrero Fedora disimulaba su incipiente blanqueo de sienes. Gafas negras y barba postiza a juego.

A paso apresurado se dirigió al infausto lugar. No eran horas de andar cristianos por las calles, por lo que transitó sin cruzarse con conocido alguno. Aliviado por esta circunstancia, se arrimó a la ventanilla como burlándose del rótulo que rezaba “hable aquí, delante del hygiaphone”.

Con horror comprobó que la taquillera era doña Paquita, amiga de la familia y vecina de toda la vida. Le había reconocido y gritaba su nombre a los cuatro vientos. A medio camino entre un “disimule, señora” y un “pues anda que usted”, intentó salir del trance como pudo. Lamentablemente, a la media hora sabía toda la ciudad que Emiluco había ido a ver una de esas películas marranas.

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4 comments

  1. Me ha encantado el numero 6, La eterna luz,
    Es un relato corto, breve y conciso, que me llego, me hizo pensar de una forma positiva que ha traido, aunque corto luz a mi vida
    Felicidades a la autora, que se anime y escriba,

    1. Muchísimas gracias, Cristina! Los escritores lo hacemos con la confianza de que os llegue a los lectores y os aporte toda la energía que deseamos transmitir. Gracias por tus palabras y ten por seguro que seguiré escribiendo

  2. La verdad es que debe ser muy difícil elegir… , pero el que más me ha gustado es el numero 6 La eterna Luz…. Da positividad y energía.
    Un saludo

    1. Muchísimas gracias, Javier!! La vida sólo se puede vivir con positividad y esperanza en lo que vivimos en lo que nos ha de llegar. Un abrazo y gracias por tu tiempo y tus palabras

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