Centro Habana – por CRISTINA LÓPEZ-SCHÜMMER

-La vida, mi hermano, es una mierda-, me resuena en los oídos el eco de la frase pescada al azar en Centro Habana. Qué calor… también el eco del calor vuelve, y oigo mis pasos mientras La Habana se cocina bajo una ola de calor húmedo y aplastante. Me gusta La Habana; todo lo ves como si fuera la primera vez. Una y otra vez como si fuera la primera vez. La eternidad en el instante. La grieta y el muro heridos por la marginalidad y la desidia. La sonrisa blanca en una cara color café. La brisa del mar siempre cercano. La lata de Bucanero helada. Los apagones mientras brillan como luciernagas las luces en las ventanas del Hotel Cohiba. El olor de la ciudad, mitad petroleo mitad alcantarilla; mitad azucena mitad salitre; y perfume barato y tabaco. La saturación de colores: el azul añil de los coches, el verdes varadero y el amarillo vainilla de las casas presumidas del Malecón; el rojo intenso de los majestuosos framboyánes: el árbol de fuego, el árbol rey. Y las torres de las iglesias que desafíando los huracanes se elevan con dignidad hacia el cielo azul del Caribe. Y el son cubano en cada esquina, y el azúcar, saturando una taza minúscula de café.

XUMMER CENTRO HABANA

Cristina López-Schümmer

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