Carceleros, por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #EspañaenRetales

Tordesillas. Lo pronuncio despacio, arrastrando las sílabas, dejando mi cabeza vagar por aquel palacio imaginado bañado por el Duero. Y vienen las imágenes, se agolpan, respiro hondo para  ordenar en el caos.

No recuerda cuánto tiempo lleva allí, sólo ve a su hija crecer en un entorno carcelero,  un mordisco en el corazón cada vez que la mira, un arañazo en el alma añorando a su pequeño Fernando. Su hija, nacida sin padre, encerrada con sólo dos años, vestida como una campesina, aislada del mundo, olvidada.

Cuatro paredes encierran su dolor, cuatro paredes espían cada uno de sus movimientos, cuatro paredes como un túmulo funerario durante más de cuarenta años; y  al frente de ellas, gobernadores de la casa de la reina, hieráticos, impasibles, fieles al amo.

Mosén Luis Ferrer fue el primero por deseo de Fernando el Católico. Siete años en los que se borró a Juana del mapa, maltratada física y psíquicamente, la ley del silencio prevaleció; nacía su cautividad. La muerte del Rey Católico arrastró al gobernador siendo sustituido por Hernán Duque de Estrada, al amparo del cardenal Cisneros. Dos años de mandato; dos años de cierta holgura para Juana. Una mejoría se atisbaba, los ayunos de la reina no se prolongaban ya en el tiempo, su negativa a una mínima higiene se fue desvaneciendo, su lecho dejó de ser el suelo. Incipiente recuperación  que disparó las alertas de los borgoñones. Con sus intereses amenazados, no dudaron en restaurar la línea dura: el marqués de Denia tomó el relevo bajo los auspicios de Carlos I, el hijo que echó una palada más de tierra en la sepultura de su madre.

La telaraña de intereses, traiciones, felonías, ingratitudes y vilezas crecía a un ritmo estrepitoso, sin respiro, sin pausa, ahogando a la reina entre sus hilos.

 

España retales 5 La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesilla con su hija, la infanta doña Catalina. F. Pradilla, 1906. Museo del Prado
La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina. F. Pradilla, 1906. Museo del Prado

Lola Sánchez Lázaro

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2 comments

  1. ¡¡¡Enhorabuena, Lola!!!. La reina Juana, pieza utilizada y sacrificada por su marido, por su padre y por su hijo en aquel complejo tablero político y dinástico, es digna de una tragedia clásica, y la supera. Un abrazo.

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