Cañas y barro – por PILAR RUBIO

Me miras a los ojos y entonces te penetra, miedo, miedo que eriza hasta tu aliento. Me hace sentir fuerte, poderoso al fin. Tus ojos se agigantan, dilatan las pupilas, Por eso, solamente por eso, me das el cigarrillo. Tus amigas agachan la mirada, se engañan al creer que no sé que escupo en sus cervezas al hablar. Aún piensan que mendigo. Mi saliva es un arma y mi sangre es un arma, ahora puedo aterrar a la gente que ve pasar el tiempo sin pensar en nada. Mi sangre, que ayer fuera de víctima, de hombre resignado a dejarla correr, de padre mirando borbotones de vida de los suyos empapando la tierra, inmóvil, en silencio, sin poder ni siquiera comenzar a entender. Mi sangre ahora es un arma, mi saliva es un arma. Gotas que llevarían la muerte si quisiera, que me dan el poder. Por que el miedo es poder, la moneda de cambio de este mundo, y yo cambio un cigarrillo por tu miedo.

¿Sabes?, me gustaría decirte…, que por fin soy visible, visible para ti, visible por mis ojos que ya no esperan nada. Nunca podrás imaginarte lo que han visto ¿por qué entonces ese esconderse en tu mirada? Si no conoces la muerte como yo, no sabes de la vida como yo. Si no tienes ni idea de qué es el miedo. Miedo es despertarse dolorido en una balsa, empapado, temblando y esperando. Se ha parado el motor, gritan silencio, maldita oscuridad, un cadáver finge chapotear contra la espuma. Mi vecino en la barca no deja de gemir, querría matarle, susurra el agua huyendo en la corriente, tiburones que llegan….. se apuntan al festín. Pero la patrullera sigue, esta vez no será.  Y el sueño no se va, y se repite siempre y juego con mis hijos, en nuestra casa vieja. Ese sueño es mi vida. Vivo para la noche, para soñar con ellos. Pero al final termina y su sangre empapará mi camisa al despertar. La sangre que ahora es arma, porque no queda nada. ¿Por qué camisa blanca?. No consigo soñarme sin mi camisa blanca. Aquellas manchas rojas volviéndose marrones. Mi silencio. La culpa y la vergüenza de conocerme al fin, de enterrar a mis hijos en silencio, de la huida entre el miedo, vencido por el miedo. Ese miedo, el motor de mi mundo por ahora, y quizá para siempre desde entonces.

Mi mundo no se mueve, porque lo mueve el miedo. Págame tu miedo en cigarrillos porque yo puedo convertirte en piedra con mis ojos. Yo ya no tengo nada, yo ya no quiero nada, Hoy sólo un cigarrillo. Te miro y me lo das.

abatido

Pilar Rubio

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