Camilo en el Barranco Viejo, por PEDRO PABLO MIRALLES #relatos

La memoria es tozuda, debía correr el año 1960 o algo más. Le vendaron los ojos al burro a pesar de su terca resistencia, convencidos de que así todo iría mejor. Le dieron unas palmaditas en el cuello y emprendió la marcha como para realizar uno de esos trabajos duros que, a pesar de su edad, en ocasiones le encomendaban. Despacito para no tropezar con las piedras de diferentes tamaños de esa tierra austera, seca y bella, de tonos ocres y grises entreverados, que tantas veces había recorrido. Desconfiado a rabiar, obediente a la fuerza y pensativo como todos los de su raza. Así inició la marcha Camilo durante unos minutos, guiado por sus dueños y algún que otro vecino de toda la vida.

¡Anda bonito, vamos Camilo! De pronto, a pesar de su empeño contrario, tropezó y esos ciento cincuenta kilos con veinticuatro años de trabajo en los lomos, cayeron al vacío como a cámara lenta, dando tumbos y porrazos, en un recorrido que duró menos de quince segundos interminables. Se escuchó un rebuznar hiriente al alma de cualquiera, mal acompasado con los golpes secos que recibía por todo el cuerpo. Allá abajo quedó despanzurrado, formando parte del paisaje. Ya no servía para el trabajo y era una carga demasiado grande para los dueños. Por igual trance también pasaron sus padres y tantos de los suyos.

Me dicen, aunque no lo pueda asegurar pero lo crea, que fue una de las últimas víctimas de esa tradición salvaje que se practicó durante mucho tiempo en el barranco Viejo, próximo a la garganta del Diablo. ¡Ojalá sea así!

 

Camilo en el barranco Viejo PARA LAS DOS CASTILLAS 07042016
Barranco Viejo. Dibujo de PEDRO PABLO MIRALLES

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 138 entradas.

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