Cambio de rumbo – por LOLA SANCHEZ LÁZARO #EspañaenRetales #CatalinadeAragón

Fiebres, resfriados, tos continua, apatía, depresión y trastornos alimenticios fueron sus acompañantes durante siete años de viuda. Abandonada, sin conocer el idioma, sin recursos económicos, los días de Catalina se sucedían lánguidos y yermos. La daga que la atravesó un poco más, retorciendo sus entrañas hasta necrosarlas,  fue la muerte de su querida madre; ya no era hija de la todopoderosa reina de Castilla, la mano influyente de su madre había desaparecido para siempre. Juana se convertía en nueva reina y ella, la hermana pequeña, continuaba siendo una ficha más en una partida en la que no se le permitía hacer ningún movimiento; sola, a merced de las corrientes embravecidas de su padre y suegro de nuevo.

El futuro de Catalina resbalaba por una pendiente, ya no era necesaria, descendía en la escala hasta casi el último peldaño. El monarca inglés mimaba a Felipe el Hermoso; en el horizonte, la unión mediante el matrimonio del que sería futuro emperador y María, hija de Enrique VII.

Y de nuevo llegó, se paseó coqueta y confiada entre los vivos eligiendo a su presa; la muerte de Felipe abrió las ventanas de la esperanza. Enrique VII  frente al rey Católico; las tornas volvían a cambiar, el matrimonio volvía a considerarse. Se abría una rendija para poder respirar, Catalina volvía a ser necesaria. La exigencia de Enrique VII sobre el pago completo de la dote y su incumplimiento la dejaban a merced del maltrato de un hombre que no veía más allá del dinero, zozobraba entre dos corrientes opuestas; un náufrago a merced de una desbocada y rabiosa tempestad.

Aquel atisbo de esperanza se fue desvaneciendo, replegándose en algún lugar recóndito del alma, llevándose la energía de Catalina, sumiéndola en las garras de la desesperación e impotencia.

Y la muerte reapareció como si fuera un leal aliado. Ella, que rondaba a su antojo, que se movía sin ataduras, sin respetar a nada ni a nadie, sin recibir órdenes, imponiendo su tiranía,  anidó en el monarca inglés. Fue la llave que  abrió la puerta de salida a su abatimiento y desesperación,  la llave que la impulsó con energía, una amiga que la condujo a alcanzar la corona inglesa.

Catalina y Enrique, ungidos y coronados, abrían una nueva página de la Historia.

 

 

Lola Sánchez Lázaro

Lola Sánchez Lázaro Ha publicado 74 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *