Bruselas.- (gasolinero.net)

Bruselas es, en invierno, un pueblo triste y oscuro, con las farolas encendidas a las cuatro de la tarde, con tiendas de encajes (de Binche, Brujas, Malinas y del mismo Bruselas), con acordeones melancólicos, guitarras lamentosas y cafés sin humo. Los domingos al medio día, las calles aledañas a las Galerías Reales San Huberto, se llenan de bruselenses cogidos del brazo, ellos con bigote y sombrero y ellas abnegadas y satisfechas tras lustros moviendo bolillos para tejer la dote. Buscan algún restaurante donde comer mejillones, que es el menú de los días de fiesta. En una de esas casas de comida trabaja una asturiana que disimula su origen a sus compatriotas. Cuando algún español se sienta a manducar, ella fuerza la pronunciación. Pero se le nota de dónde es, el obligatorio y urbano “s’il vous plait” del final de cada petición lo dice con retintín.

Bruselas-

Francisco Navarro

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