Boutade en la Calle Feria

En el mercadillo de la Calle de Feria apartado en la esquina con la Calle de los Infantes, los jueves curioseo el puesto de libros “La Boutade”. Es el único que tiene nombre y lo tiene cosido en los toldos rojos que debió regalarle la CocaCola a su dueña, Mercedes. Mercedes tiene los dedos largos, de carterista, con los que entresaca los libros con la misma rapidez que los recomienda.“La Boutade” está especializada en biografías de gente ilustre, hombres y mujeres, dice Mercedes, aunque éstas escriben menos.

– No son tan presumidas, como más discretas y coquetas, prefieren que las biografíen antes de contar ellas mismas sus vidas.

– Menos la Thatcher, le digo.

– Menos ella- concede y me alcanza sus memorias- Se vende bien. Todas las semanas lo vendo y todas las semanas me lo devuelven.

– ¿A cuanto?

– Lo vendo a 12 y lo compro a 3. Nadie se queja. Una vez leído u hojeado, que no siempre los lectores son tan valerosos, todos quieren librarse de ella. Los 3 euritos es una compensación por el esfuerzo. ¿lo quieres?

– No, deja. Ya la sufrimos todos los días.

– Pues ojea la sección local. Tengo todo el callejero de Sevilla en memorias.

Los tiene colocados por cercanía a Feria: Pedro Niño, que pilotó La Niña; el Conde de Torrejón, con su linaje ya extinguido; Peris Mencheta, el periodista con tocayo que actúa estos días en Mérida; o Juan Pérez de Montalbán que editó y biografíó a Lope de Vega. Tiene incluso la Biblia, por la Calle del Niño Perdido. Luego siguen figuras menores, sin calle, autobiografías de reivindicación de candidatos a concejales, alcaldes o presidentes que buscan su segunda oportunidad en la letra impresa para entrar al Pabellón de los Hombres Ilustres. Tanta historia menor me abruma y acabo ojeando a Cayetana de Alba, merecedora de la rotonda que da paso a la modernidad de la Expo, junto al río y el Puente de la Barqueta. Mercedes me mira.

– ¿Te interesa la nobleza?

– Me interesa saber quién mandó y cómo mandó.

– Entonces compra la biografía de Francisco Pacheco y Núñez de Prado, terrateniente, caballero maestrante y VII Marqués de Gandul.

Para acabar la broma, sonrío: nunca hubo título mejor para un noble español ni mejor resumen de tanta historia. 

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Luis Casas Luengo

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