Bellezas efímeras, por PATRICIA MARTÍNEZ DE VICENTE – #relatos

   Margarita es esbelta y pálida. Rosa, rubia. Y las Violetas, menudas y alegres. Según la rama – paterna o materna – a la que salieran las niñas de esa familia, destacaban por su hermosura en cuanto aparecían en el jardín. Al entrar en escena ese bello manojo, se acaban las asperezas y el silencio dejaba de ser ensordecedor.

   Bellezas temporales, cierto, supeditadas al calendario estacional que coincidía con la llegada de las mariposas encandiladas por las flores. Y de los insectos que se entretienen con la brisa antes de que una sacudida brusca se convierta en el viento que los aleja.

   Ese año, sin embargo, la primavera llegó eclipsada por la luna y aunque los jilgueros cantaban alegres, se callaron las alondras, los grillos se escabulleron y se espantaron las ranas. Hasta que el sol no se asomó quedaron demasiados espacios lóbregos. Pero cuando por fin apareció con el ímpetu de una risa brusca, su calor lo inundó todo y dió paso a las luciérnagas nocturnas, justo a esa hora en que el mar se cuaja de estrellas.

   Rosa, rubia. Margarita, esbelta y pálida. Violeta menuda y alegre. Sí, a cada cual más bonita, pero Dalia afirmaba que en aquel jardín donde no había cabida para las Hortensias, todo dependía de que Flor quisiera darles un espacio para lucirse.

   Es una lástima que desde la lejanía, los drones no pudieran disfrutarlo.

flores lila intenso

Patricia Martínez de Vicente

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