Belén de la Residencia de Ancianos San Víctor

Un nuevo año nos encaminamos a la Residencia de Ancianos San Víctor, a ver el Belén. Una escueta tradición de dos veces, pero tradición al fin y a la postre, que estos días navideños son muy dados al acervo. En la portería preguntamos por Sor Teresa, mientras la requieren por megafonía pasamos al patio. Contemplamos sorprendidos el montaje: un inmenso abeto, con las figuras del Nacimiento instaladas en las laderas.

Sor Teresa —un torbellino de sonrisas,  vehemencia y amor— aparece, nos saluda y sin solución de continuidad se pone a explicarnos.

—Digo, ¿qué ponemos este año?… Casi siempre lo instalamos en un lateral del patio, pero algunos años lo hemos puesto en el centro y algunos de los que viene, me dicen: “¡Hay hermana, a ver si pone usted el Nacimiento en el centro!”… y nada, este año ha sido. Tuvimos que poner andamios y todo para llegar tan alto, y las figuras tienen que estar pegadas para que no se caigan. Pensé en el del Vaticano, algo más modesto, claro. Además casaba esta construcción que hemos hecho este año con la explicación que dio Benedicto XVI sobre el Nacimiento…

Nos cuenta cómo se va preparando la Navidad durante el Adviento. A continuación nos va relatando el Belén.

—Toda la historia de la Salvación está ahí… Mira, los desposorios, seguidamente la Anunciación. Después va a visitar a su prima Isabel, mire, mire, Zacarías allí arriba, la Virgen y su prima… Pasando el tiempo vino el Nacimiento. Luego la Presentación en el Templo y llevaban de ofrenda dos tórtolas que lleva San José en la mano. Y arriba, la matanza de los inocentes… Ahí está la huida a Egipto…

Una visita deposita una moneda en una máquina con forma de vieja y retruena un villancico, sor Teresa mira e impasible, sigue relatándonos las escenas del Nacimiento.

—Ahí, enseñando al niño Jesús a leer… Y luego los Reyes, que van de Este a Oeste…

Hacía Belén va una burra, atronando el patio de la residencia y llegando de alegría a los niños que han ido a ver el Nacimiento. Las visitas suben el tono de la voz, sor Teresa atiende, sin perder la sonrisa, a quienes le preguntan.

—La anunciación a los pastores… y ahí arriba seis chiquillos, en honor a la familia.

Llama a Vicente, el encargado de mantenimiento de la residencia.

—Todos los años me lía —explica Vicente— es algo que tengo asumido. Yo no pienso en el Belén, lo piensa ella por mí… pero no quiero que lo haga antes de tiempo… Esto quiero que suba, que baje, que haga no sé qué…una estrella, unas luces, a ver dónde… esto hay que colgarlo…. En fin, un torbellino de mujer.

Le preguntamos a Vicente que cuando empiezan a poner el Nacimiento.

—No se pone, se hace. Desde cero. Poner es lo que hago yo en mi casa, sacar las figuras de la caja y colocarlas en el mismo sitio…

Vicente nos explica los entresijos de este Belén, que a pesar del aspecto más minimalista, lleva un trabajo ímprobo, con cierto tono de resignación.

—Yo ideas tengo —nos cuenta sor Teresa—, pero nos necesitamos unos a otros.

De todas formas este nuevo montaje despierta algunas controversias y, sobre todo despiste, según nos cuenta sor Teresa.

—Hay quien me dice, habéis puesto el árbol pero, ¿el Belén no lo vais a poner?… Todos somos un regalo para Jesús y Jesús es un regalo para nosotros.

En fin, ya estamos en Navidad. Sor Teresa acude a la llamada de unos chiquillos que se  les ha colado “un helicóptero, de juguete, pequeñito” y creen que ha sido por un jardín que ahí. Los atiende riendo y feliz.

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Francisco Navarro

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