ARTURO REX: Perceval y los ángeles

Una de las más importantes fuentes francesas de la literatura artúrica son las obras de Chrétien de Troyes, poeta de la corte de Champaña considerado uno de los padres de la novela en idioma francés. Escribió varios libros basados en las historias del rey Arturo y sus caballeros: Erec y Enid, El caballero de la carreta, El caballero del león y Perceval o el Cuento del Grial.

En este último título Chrétien relata la historia de la búsqueda mística del Santo Grial por los caballeros de la Tabla Redonda que será uno de los motivos recurrentes del ciclo. La pureza e inocencia de Perceval le llevará a acabar con éxito la aventura en la que fracasan todos los caballeros con más experiencia en hechos de armas.

La historia comienza en un bosque frondoso, la Yerma Floresta, donde Perceval vive con su madre. Ésta le ha criado apartado del mundo para que no llegue a conocer la caballería andante, cuya profesión acabo con su padre. Pero un día se topa con dos caballeros errantes a los que en su inocencia confunde con ángeles por lo brillante de sus armaduras.

“—Buen hijo, mi corazón ha estado muy torturado por vuestra tardanza. El dolor me ha afligido tanto, que por poco muero. ¿Dónde habéis estado hoy tanto tiempo?

—¿Dónde, señora? Ya os lo diré sin mentir en nada, pues he tenido gran alegría por una cosa que he visto. Madre, ¿no me solíais decir que los ángeles y Dios Nuestro Señor son tan hermosos que jamás naturaleza creó tan hermosas criaturas, ni hay nada tan bello en el mundo?

— Buen hijo, y te lo digo otra vez; te lo digo porque es verdad y te lo repito.

—Callad, madre, ¿acaso no acabo de ver las cosas más hermosas que existen, que van por la Yerma Floresta? Son más hermosos, a lo que imagino, que Dios y todos sus ángeles.

La madre lo toma en sus brazos y le dice:

—Buen hijo, a Dios te encomiendo, pues siento gran temor por ti. Tú has visto, me figuro, a los ángeles de los que la gente se lamenta, que matan todo cuanto alcanzan.

—¡No, madre, no, no es esto! Dicen que se llaman caballeros.

Al oírle pronunciar la palabra caballeros la madre se desmaya; y en cuanto se hubo repuesto, dijo como mujer atribulada:

—¡Ay, desdichada, qué infeliz soy! Dulce buen hijo, quería preservaros de que oyeseis hablar de caballería y de que vieseis a ninguno de éstos. Hubierais sido caballero, buen hijo, si hubiese placido a Nuestro Señor que vuestro padre velara por vos y por vuestros amigos. En todas las ínsulas del mar no hubo caballero de tan alto mérito ni tan temido ni aterrador, buen hijo, como lo fue vuestro padre.”

Chrétien de Troyes, Perceval o el Cuento del Grial

Perceval-Chretien

Pablo Rodríguez Canfranc

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