ARTURO REX: Mabinogion, las versiones galesas del mito

El Mabinogion es una colección de historias en prosa procedentes de manuscritos medievales galeses. Tras mucho debate, los estudiosos aceptan que su período de escritura se produjo entre los años 1060 y 1200.

Se trata de una combinación de relatos procedentes de la mitología galesa y de otros relacionados con el mundo artúrico, que son conocidos como Los tres romances (Y Tair Rhamant). Estos últimos son tres y tratan historias que también relata el francés Chrétien de Troyes en sus libros: Peredur fab Efrog (Peredur, hijo de Efrawg), Geraint ac Enid (Geraint y Enid) y Owain, neu Iarlles y Ffynnon (Owain, Owain, o la Dama de la Fuente).

La Dama de la Fuente, de donde procede el fragmento que sigue, cuenta las aventuras de Yvain (en galés Owein) que Chrétien de Troyes escribió en su El caballero del león.

“Al día siguiente por la mañana, Owein encontró su caballo que había sido dispuesto por las doncellas. Cabalgó hasta el claro donde estaba el Hombre Negro, que le pareció aún más grande que a Kynon. Le preguntó por el camino. El Hombre Negro se lo indicó. Como Kynon, Owein siguió el camino hasta el árbol verde. Vio la fuente y, en el borde, la losa con el recipiente. Owein lo cogió y derramó el agua sobre la losa. De pronto, el trueno, y después del trueno, el aguacero, mucho más fuerte de lo que había dicho Kynon. Después del aguacero, el cielo se aclaró. Cuando Owein levantó los ojos hacia el árbol, no había ni una sola hoja. En aquel momento los pájaros se posaron en el árbol y empezaron a cantar. Cuando más extasiado estaba en el canto vio venir a un caballero por el valle. Owein fue a su encuentro y combatieron rudamente. Quebraron las dos lanzas, desenvainaron sus espadas y lucharon. Pronto Owein le dio al caballero tal golpe que le atravesó el yelmo, el bacinete y el almófar, y alcanzó la piel, la carne y el hueso hasta el cerebro. El Caballero Negro sintió que estaba mortalmente herido, volvió grupas y huyó. Owein lo persiguió, y si bien no le podía alcanzar con su espada, lo seguía de cerca. Vio una resplandeciente ciudad amurallada y llegaron a la entrada. Dejaron entrar al Caballero Negro, pero hicieron caer sobre Owein el rastrillo, que alcanzó el arzón trasero de la silla, de modo que partió el caballo en dos, arrancó las rosetas de las espuelas de Owein y sólo se detuvo en el suelo. Fuera quedaron las rosetas de las espuelas y un trozo del caballo y Owein con el resto del caballo entre las dos puertas.”

La Dama de la Fuente, Mabinogion

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Pablo Rodríguez Canfranc

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