ARTURO REX: Lanzarote acepta la deshonra de la carreta

El Caballero de la Carreta se presenta como elaborada en honor de la condesa de Champaña, María, hija de la radiante Leonor de Aquitania, y mecenas del autor, el poeta Chrétien de Troyes. Su temática es el rapto y amor adúltero de la reina Ginebra y su rescate por Lanzarote del Lago.

La trama es típica de la novela caballeresca: el caballero de la búsqueda va de incógnito; tan empeñado y presuroso que no puede detenerse más que de noche, y por una sola noche en cada lugar, antes de dar fin a su empresa; a lo largo de su frenética carrera triunfa en numerosas aventuras, entre peligrosos encuentros violentos y tentaciones amorosas cautivadoras; generoso con los vencidos, los envía a la corte del rey Arturo para que atestigüen allí sus triunfos, mientras él prosigue su ascética peregrinación, solitario hasta el fin.

El nombre de la novela se debe a que desmontado en una emboscada por los esbirros del malvado Meleagante, Lanzarote se ve obligado a continuar a pie. Encuentra enseguida una carreta conducida por un enano. Al ser preguntado por el caballero, el conductor responde que su curiosidad será satisfecha si se atreve a subir a la carreta. La carreta era en aquellas épocas una especie de picota en movimiento, y que se cubría de deshonra quien subiese a una de ellas). Lanzarote queda convertido en Caballero de la Carreta por amor de su dama, guiado por el único afán de proseguir su búsqueda.

“El caballero a pie, sin lanza, avanza hacia la carreta, y ve a un enano sobre el pescante, que tenía, como carretero, una larga fusta en la mano; y dice el caballero al enano:

«Enano, ¡por Dios!, dime si tú has visto por aquí pasar a mi señora la reina.»

El enano, asqueroso engendro, no le quiso dar noticias, sino que le contesta:

«Si quieres montar en la carreta que conduzco, mañana podrás saber lo que le ha pasado a la reina.»

Mientras aquél reanuda su camino, el caballero se ha detenido por momentos, sin montar.

¡Por su desdicha lo hizo y por su desdicha le retuvo la vergüenza de saltar al instante a bordo!

¡Luego lo sentirá!

Pero Razón, que de Amor disiente, le dice que se guarde de montar, le aconseja y advierte no hacer algo de lo que obtenga vergüenza o reproche. No habita el corazón, sino la boca, Razón, que tal decir arriesga. Pero Amor fija en su corazón y le amonesta y ordena subir en seguida a la carreta. Amor lo quiere, y él salta; sin cuidarse de la vergüenza, puesto que Amor lo manda y quiere.”

Chrétien de Troyes de El Caballero de la Carreta

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Pablo Rodríguez Canfranc

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