ARTURO REX: el libro secreto de Steinbeck

“El prodigio ocurrió. La Biblia, Shakespeare y el Pilgrim ‘s Progress eran patrimonio común. Pero este libro era mío. Era un ejemplar ilustrado de la Morte dArthur de Thomas Malory según la edición de Caxton. Adoré la anticuada ortografía de las palabras, y también las palabras en desuso. Es posible que haya sido este libro el que inspiró mi fervoroso amor por la lengua inglesa. Descubrir paradojas me deleitaba: que cleave significa tanto unir como separar; que host alude tanto a un enemigo cuanto a un amigo hospitalario; que king («rey») y gens («pueblo») proceden de la misma raíz. Por un tiempo, gocé de una lengua secreta: yclept y hyght para decir «llamado», wist para «conocer», accord para decir «paz», entente para decir «propósito», yfyaunce para decir «promesa». Moviendo los labios, pronunciaba la letra llamada thorn, como una «p», a la cual se parece, y no como una «th». Pero en mi pueblo, la primera palabra de Ye Olde Pye Shoppe («La vieja pastelería») se pronunciaba yee, así que supongo que mis mayores no estaban mucho mejor que yo. Fue sólo mucho más tarde cuando descubrí que la «y» sustituía a la thorn perdida. Pero al margen de que fueran gloriosas y secretas –And when the chylde is borne lete it be delyvered to me at yonder privy posterne uncrystened—, yo, curiosamente, conocía las palabras de tanto susurrármelas a mí mismo. La misma extrañeza del lenguaje bastaba para hechizarme y sumirme en una escenografía antigua.

Y esa escenografía enmarcaba todos los vicios que hubo siempre, además del coraje, la tristeza y la frustración, y sobre todo el heroísmo, acaso la única cualidad humana forjada por Occidente. Creo que mi percepción del bien y del mal, mi sentimiento de noblesse oblige, y todas mis reflexiones contra los opresores y a favor de los oprimidos provinieron de este libro secreto. Este libro no ultrajaba mi sensibilidad como casi todos los libros infantiles. No me asombraba que Uther Pendragon codiciara a la mujer de su vasallo y la tomara mediante engaños. No me asustaba descubrir que había caballeros malignos además de caballeros nobles.

También en mi pueblo había hombres que lucían los hábitos de la virtud pero cuya maldad me era conocida. En medio del dolor, la pesadumbre o el desconcierto, yo volvía a mi libro mágico. Los niños son violentos y crueles, y también bondadosos; yo era todas estas cosas y todas estas cosas estaban en el libro secreto. Si yo no sabía escoger mi senda en la encrucijada del amor y la lealtad, tampoco Lanzarote sabía hacerlo. Podía comprender la vileza de Mordred porque también él estaba en mi; y también había en mi algo de Galahad, aunque quizá no lo bastante. Pese a todo, también estaba en mí la apetencia del Grial, hondamente arraigada, y quizás aún lo esté.”

John Steinbeck, de la introducción de Los Hechos del Rey Arturo y sus Nobles Caballeros

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Pablo Rodríguez Canfranc

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