Arriba y abajo… – por PROSILAND

Han pasado ya dos años Mario, casi no puedo creerlo…

Aún, cada mañana, cuando tomo las escaleras que me llevan bajo el suelo de Madrid, no puedo evitar sentir un pellizco en el alma. Y aunque cada día es diferente, yo disfruto de cada viaje como si fuera la primera vez. 

Sabes, ahora saboreo cada paso. Cada escalón que me acerca a nuestro andén como nunca antes podría haberlo hecho. El aire me parece distinto y ya la gente no me es indiferente. Puedo percibir sus emociones, sus miradas. Sus estados de ánimo, que ahora parecen revolotear por un espacio que antes me parecía lúgubre y extraño. Como de paso…

He aprendido a ver con otros ojos, gracias a los tuyos. Y ahora este mundo subterráneo brilla distinto; plagado de almas que confluyen por diferentes caminos, llevando bajo el brazo vidas y esperanzas a las que antes era insensible.

Ahora tan sólo lo miro de otra manera.

Para descubrir cada día frente a mí, gentes que tienen luz propia, que ya no me pasan inadvertidas y de las que aprendo un poco en cada trayecto. Un cosmos cargado de rostros distintos; de gestos, de abrazos y soledades que dibujan un escenario que cambia a cada minuto, a cada segundo. Actores de sus propias vidas y ahora sin saberlo de la mía.

Aquí abajo, aunque parezca imposible, la existencia se revela como en ninguna parte. Para desnudarse frente a nosotros si somos capaces de verlo. Y así manifestarse en toda su crudeza, cargada de todos los sentimientos posibles. De alegrías y penas, de tristezas, de indiferencia… de descubrimiento.

Creo sinceramente que antes había pasado por la vida de puntillas y con la coraza puesta. Y ahora, sin saber el cómo ni el porqué, me he despojado de prejuicios e inercias para arroparme de lo esencial y hacerlo mío. Para dejar que me roce lo cotidiano, lo que antes me parecía superfluo, porque desde aquel día todo me parece posible.

Gentes. Personas. Extrañas y propias. A las que ya dejo que me rocen corazón y entendimiento, para empaparme de su mejor esencia. Con las que comparto sonrisas y confidencias de apenas segundos. Abrazos que veo esperar desde el otro lado de la vía, aguardando para nacer a la llegada del próximo tren. Y esos encuentros, esperados o no, que dejan en el ambiente un rocío de ilusiones.

Pero todo ha cambiado también fuera.

Y esa brisa nueva me ha llevado en volandas para pisar las calles de otra manera. Me ha reencontrado con la alegría, para alejarme de la nostalgia.

A veces, cuando llego a destino. Me gusta seguir con la mirada, en la distancia, a algunos de los conciudadanos de nuestro universo.

Veo como se transmutan. Como poco a poco al acercarse a la salida, sus caras cambian como si la vida sólo existiera al otro lado de esta frontera. Bajo la luz de la mañana o la farola dormida. A partir del último peldaño, línea divisoria de su mundo.

Los veo florecer. Respirar profundo. Como si necesitaran salir del letargo para renacer en el espacio que arriba que les espera. El de la realidad de las prisas y las rutinas; sólo de lo que es visible. Cuando Tú y yo sabemos ya que el otro es el auténtico e indispensable.

Las crisálidas se convierten en mariposas, sobre el asfalto. Sin saber que siempre lo han sido aunque no hayan sabido desplegar sus alas. Como Tú me enseñaste.

Sí. Han pasado ya dos primaveras y aquí estamos. En este universo nuestro que ahora compartimos. Con nosotros mismos y con los que quieren abrir los ojos a lo que la existencia les ofrece.

Un universo que realmente no estaba arriba ni abajo. Sino en nosotros. Ese cielo interior que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, y del que tantas veces no somos conscientes; disfrazados de seres idénticos, al uso, cuando realmente somos únicos… irrepetibles.

Desde estos andenes del metro me enseñaste a ver una tierra diferente. Para apreciar lo mucho que hay de bueno en cada uno, si nos esforzamos por encontrarlo. Si no nos resignamos a sentarnos en nuestro asiento de la vida con la cabeza gacha, esperando simplemente que llegue la parada.       

Abiertos a otras vistas. A otros espacios. A una nueva vida y no a la simple y triste supervivencia.

 

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DEDICATORIA:

 A tus ojos que me hablan…

A Mario, la sensibilidad hecha niño.

 

 

El blog de PROSILAND es http://paraelviento.wordpress.com/

Las dos Castillas

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