“Arde Madrid” – por FERNANDO REVIRIEGO #cine #crítica

Ava Gardner y Madrid. Chicote, Las Ventas, El corral de la Morería, Villa Rosa, El Castellana Hilton… Fiestas, alcohol, sexo y excesos en una país puritano de misas y viva España. Una serie en la que veremos desfilar multitud de personajes: artistas, toreros, políticos o militares (Juan Domingo Perón, Charlton Heston, Samuel Bronston, Lola Flores, Carmen Sevilla…)

Una apuesta interesante, rodada en blanco y negro –un acierto-, de Paco Léon.

En la intrahistoria de la película aparecerán entre otras cosas la firma del contrato de la película “55 días en Pekín” rodada parcialmente en Madrid, aunque quizá hubiera sido interesante abordar otra de las películas del “animal más bello del mundo”, su única nominación a los Oscar, diez años antes, “Mogambo” (del gran John Ford), donde, como es sabido, la censura española hizo una de sus pifias: al convertir en hermanos a dos de los protagonistas para evitar mostrar una relación extramarital al espectador se le transmitía un incesto.

Recordemos que el adulterio fue delito en España hasta hace sólo 40 años. Hasta aquel entonces (¡afectaba sólo a la mujer casada¡ y a la persona con quien ésta yaciere) se establecía que “El adulterio será castigado con la pena de prisión menor” y que “Cometen adulterio la mujer casada que yace con varón que no sea su marido, y el que yace con ella, sabiendo que es casada, aunque después se declare nulo el matrimonio”.

Para el hombre casado, en su caso, el delito era el de amancebamiento o relación estable de convivencia: “El marido que tuviere manceba dentro de la casa conyugal, o notoriamente fuera de ella, será castigado con prisión menor. La manceba será castigada con la misma pena o con la de destierro”.
Esta regulación podía provocar que incluso en el caso de que una pareja hubiera roto su convivencia el marido pudiera denunciar a su esposa caso de que ella hubiera tratado de rehacer su vida con otra persona y ésta ir a la cárcel; al mismo tiempo, un hombre separado formalmente (el divorcio todavía tuvo que esperar a 1981) podría tener todas las relaciones con mujeres que quisiera mientras no existiera amancebamiento. Y de esto hace sólo 40 años…

Aunque en todo caso si vamos un poco más atrás en el tiempo (tampoco mucho más) las cosas eran todavía más terribles ya que hasta 1963 el código Penal establecía que si el marido sorprendía en adulterio a su mujer, podía matarla a ella y su amante en el acto, siendo condenado únicamente al destierro. Mismo “castigo” que se aplicaba a los padres que hicieran lo propio con sus hijas menores de 23 años mientras vivieran en la casa paterna. Si por el contrario era la mujer la que encontraba a su marido en la cama (probablemente mucho más habitual) ese privilegio del destierro no existía.. sino la cárcel.

Y, por cierto, volviendo a la serie, genial y surrealista (en la línea de “Amanece que no es poco”) la fiesta, con cabra incluida, que organizará Ava Gardner en homenaje a Hemingway tras enterarse de su muerte (de la que todavía pensaba que había sido un accidente y no un suicidio como se sabría tiempo después).

No menos genial la reivindicación de la mujer en una sociedad absolutamente machista; una reivindicación visible en muchos momentos no sólo con la postura vital de Ava Gardner –Debi Mazar- (¡qué cierta la definición de indecencia de la castración de la alegría tomada de Hemingway¡), sino también con la de Ana Mari –Inma Cuesta-, el ama de llaves (que no querrá “vivir a la sombra de nadie” ni con las servidumbres que el matrimonio en aquella época llevaba aparejada: “Yo no quiero que mi vida consista en cumplir con la obligación de un hombre; no quiero que me racione el dinero, ni su firma para abrirme una cuenta. No. No quiero. Ni quiero desperdiciar mi vida y mi tiempo pensando donde estará ni con quien. Y aguantar su mal humor y su silencio. Yo no quiero que un hombre me diga esto sí y esto no, aquí sí y aquí no. Y estar agradecida porque no me pega. Yo no quiero nada de eso, porque todo eso sería como vivir a la sombra de otra vida. Y eso no lo pienso consentir de ninguna manera) o la de Inma, la criada -Anna Castillo-, en un papel muy diferente al de Susana en “Estoy vivo”.

 

Fernando Reviriego

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