Aquí os va un poquito de Muguet en este primero de mayo – por PEDRO PABLO MIRALLES

Desde aquí os ofrezco y entrego a todos un poquito de Muguet en este primero de mayo de 2015, que falta hacía y, para que comprendáis voy a contaros cómo desde mi ignorancia lo descubrí hace ahora más de veinte años, mejor dicho, como me lo descubrió Christiane.

Paseábamos por esos campos ondulados del hexágono con valles y bosques apacibles de todos los tonos verdes imaginables, departamento del Gers, cerca del Lot. De pronto se paró y señalando a poca distancia exclamó, “¡Muguet, Muguet, ahí lo tienes!”. Yo no entendía lo que pasaba. Se acercó a una zona de hierbas y matorrales teñida de blanco, se inclinó y, con su eterna delicadeza, tomó un tallo con hojas verdes alargadas acompañadas de dos ramilletes de florecillas blancas, me lo acercó y, con cara de felicidad dijo, “¡huele, huele, verás que maravilla!”. En efecto, un olor intenso, suave, muy sutil, más bien dulce, penetrante, indescriptible. Entonces comenzó a cantar tan dulcemente como acostumbraba, “Muguet, sois pas chicaneur, tu donnes du bonheur, pas cher à tout chacun” (Muguet no seas trapacero, pues das felicidad a todos bien barata), era una canción del inconfundible Brassens, “Discours des fleurs”. Después de contarme la cantidad de canciones compuesta en honor del Muguet, comenzó a tararear “Le temps du Muguet” y otros java tradicionales. Al finalizar el momento musical me dio un beso enorme y me explicó pacientemente que a finales del verano esa flor hermafrodita tan bella da un fruto pequeñito color rojizo que aparece en cada una de sus flores-campanilla pero, a pesar de ser tan bonita, “ten cuidado, no se te ocurra comerlo que es venenoso, se utiliza en farmacia y perfumería”

En Francia existe la costumbre y tradición desde hace siglos de celebrar el primero de mayo con Muguet, fue a finales del XIX cuando comenzó a conmemorarse como día internacional de los trabajadores. Todo el mundo en el campo y en la ciudad obsequia, ofrece y entrega al próximo ramilletes o pequeños tiestecillos de Muguet. El precio de la pieza es irrisorio en esos lares, entre dos y cuatro euros te haces con un ramillete precioso. Pero, ¿quién es el próximo?, pues eso, toda persona que por uno u otro motivo sea próxima, pareja, familiar, amigo, vecino o, simplemente viandante, porque sí. Se entrega como símbolo de fraternidad, amor, amistad, felicidad, cariño, alegría, ¡ahí es nada!, es una muestra de que la vida se vive viviéndola con el próximo.

El Muguet es la Convallaria majalis, prácticamente inexistente en la península ibérica, conocida en castellano como lirio de los valles aunque todos deberían saber que eso es Muguet. Quería hacerme con Muguet para casa y al fin lo encontré un día en una floristería especializada en plantas exóticas de otros países, pero cometí entonces la locura de comprar un pequeño tiesto a un precio que me da ahora vergüenza confesar, cuarenta y siete maravedíes. Antes de finalizar el verano el Muguet se había echado a perder, asfixiado por las temperaturas de las dos Castillas. Muchas personas me habían dicho en todos los idiomas que en una casa o en un jardín en España era inútil cultivarlo, no resultaría, solo se daba en zonas montañosas de centro Europa, América y Asia. Pero la bondad del Muguet, cierta tenacidad por mi parte y, sobre todo, ilusión, hizo que unos años más tarde tomase la firme decisión de intentarlo y, con ocasión de uno de mis viajes a la Galia, compré varios tiestecillos de Muguet que cuidé con mimo y gran esmero en la terraza tranvía de casa que tiene orientación norte más bien sombreada e hice un trasplante a unos maceteros y varios tiestos de barro. A finales de marzo del siguiente año comenzaron a aparecer las hojas y, puntuales, a mediados de abril empezaron a dejarse ver esas campanillas blancas, olorosas y refrescantes que te alegran la vida. Como leéis, el resultado fue realmente interesante, desde entonces todos los años tengo Muguet en casita.

Que nadie se moleste, comprenderéis que solo a muy concretas y determinas personas obsequie con una de esas plantas a las que tanto tiempo dedico a lo largo del año, hasta ahora era uno de mis secretos hogareños. Pero no os preocupe ni os entre envidia, una fotografía de uno de esos tiestos como la que acompaña a este texto, vale por varios tiestecillos repletos de Muguet, es Muguet y del que yo cultivo, la entrega simbólica a mis lectores es de corazón y garantizo que da iguales resultados.

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Pedro Pablo Miralles

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