Apreciados Reyes Magos

Apreciados Reyes Magos:

Hasta el día en que me decido a escribir la presente, este año ha sido nefasto. Puedo afirmarlo y prometerlo. Palabrita de Niño Jesús, que dicen en España. Entre mis buenas noticias del año cuento tres, y una de ellas está incompleta. He cogido pluma y papel para escribir con la certidumbre de no querer ningún regalo en su sentido literal -paquete de mayor o menor tamaño con envoltura navideña y lazo rojo-, pues mis peticiones tendrán un carácter más etéreo. Original, digamos.

Respecto a la bondad de mis actos anuales, he de afirmar que las penurias y decepciones han dado para cometer pocas trastadas. Se podría decir que he sido buenísima. La preocupación invadió mi casa y sospecho que me he dedicado a sobrevivir. Palabra castellana que refiere una forma de vida no deseada pero estrictamente necesaria. Si ahondamos en el tema, me gusta poco pero me resigno, puedo encontrar rastros de rabia, ira y sed de venganza contra el mundo entero. Fueron los menos y en días puntuales. No han de tenerse en cuenta. No. 

Mis venerados Reyes Magos de Oriente, tras pensar profundamente en los presentes para el 6 de enero, concluyo que mejor no tiento mucho más la suerte que me mira tuerta y paso a listar mis sugerencias, breves, escasas:

1.- Mantener lo que me sustenta. Primera petición imprescindible.

2.- Ese acontecimiento que llevamos esperando en casa desde el año 2012 que me permita dormir sin desvelarme.

No encuentro nada más deseado que los dos epígrafes anteriores. Dejaré, como todos los años, bebida y alimento para los camellos. Para Vuestras Ilustres Presencias reservo esta vez un licor de café muy especial y un bizcocho casero inigualable que mi marido dejará recién horneado por la tarde del día 5. Dejo a su plena disposición los sofás, por si necesitaran echar una pequeña siesta en el recorrido nocturno. Hemos procedido a limpiar oportunamente el tiro de la chimenea, con lo que no han de preocuparse por su vestimenta. 

Atentamente se despide, repleta de esperanza,

Elena

Portal de Belén. Detalle del Belén napolitano del restaurante “Divina la Cocina” en Madrid.

Elena Silvela

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