Apenas a cien kilómetros de aquí – por CÉSAR RAMOS VILLENA

Este poema forma parte de un libro
del cual se tirarán 500 ejemplares.
De esos 500 ejemplares se regalarán 50,
de los cuales se leerán 5, de los cuales
sólo 1 será comprendido. Vale la pena.
Pedro Shimose

Muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez dónde termina la atmósfera terrestre y comienza el espacio exterior. En realidad no existe un límite claro, ya que la densidad de la atmósfera decrece gradualmente a medida que la altitud aumenta.

No obstante, la Federación Aeronáutica Internacional establece la línea de Kármán como el límite entre la atmósfera y el espacio a una altitud de cien kilómetros. En los últimos años científicos canadienses han establecido esta frontera a ciento dieciocho kilómetros de altitud, comprobando que en esa zona de transición es donde los vientos, relativamente ligeros, de la atmósfera terrestre dejan paso a los violentos flujos espaciales que pueden superar velocidades de mil kilómetros por hora.

En definitiva, apenas a cien kilómetros de aquí se encuentra una localización geográfica más que representa una enorme oportunidad para productos y aplicaciones de alta tecnología y que constituye un mercado de futuro valorado en más de trescientos mil millones de dólares. Es ahí donde comienza lo que llamamos “el Espacio”.

Pero el Espacio no es lugar para navegantes solitarios. Los grandes desafíos tecnológicos espaciales se han superado con la colaboración industrial y científica internacional, en un esfuerzo conjunto que cada vez reúne a más países.

España ha estado presente desde el principio de la era espacial. Su primer contacto fue a través de la NACA, predecesora de la NASA, mediante el intercambio de información en materia aeronáutica desde 1951 y, de manera muy especial, con el profesor von Kármán, quien apoyó y participó en el Seminario sobre Ciencia Espacial y Tecnología en 1960. Solo había transcurrido un año desde la puesta en órbita del primer satélite norteamericano y ningún ser humano había conseguido, todavía, alejarse cien kilómetros del suelo.

Desde ese momento, la colaboración con EE.UU. se materializa con el establecimiento en España de las estaciones de seguimiento de Maspalomas (1961), Robledo de Chavela (1963), Cebreros y Fresnedillas (1967) y su contribución clave en el éxito de las misiones más emblemáticas de aquellos años.

Esta alianza ha perdurado y la industria española ha colaborado con instrumentos críticos para la misión en el planeta Marte del rover “Curiosity”.

En lo que respecta a Europa, España participó en 1962 en la creación de la que se convertiría años después en la Agencia Espacial Europea y que ha resultado, hasta este momento, un caso sin precedentes de éxito en materia de cooperación industrial y científica, de colaboración público-privada, que ha conducido al acceso autónomo y soberano de Europa al Espacio.

Fue la participación en la Agencia Espacial Europea la que ha conformado el sector industrial español que hoy conocemos. Actualmente, España participa en mayor o menor medida en todos los programas de la Agencia y su industria espacial tiene presencia en todos los segmentos de actividad.

En nuestros días, disponer de capacidad espacial constituye para un país contar con una herramienta clave para su futuro ya que se ha demostrado que es un importante vector de crecimiento económico, que ayuda a alcanzar los objetivos estratégicos de los países y que es, sobre todo, una herramienta política de primer nivel.

El Espacio está presente en nuestras vidas, en la cotidianeidad de las personas, a pesar de que, paradójicamente, una gran mayoría vivan todavía ajenas a ello. Y no sólo porque gracias a los programas espaciales hemos llegado a conocer más profundamente nuestro planeta, o porque contribuyan a acercamos un poco más al conocimiento del universo y, en definitiva, a conocernos mejor a nosotros mismos, sino porque el Espacio es el origen de la colaboración, también, con otros sectores como el de transporte, el de la meteorología, la seguridad, las comunicaciones o el de ocio.

Ningún país cuestiona que el sector espacial es estratégico para sus intereses y que representa una importante oportunidad para el futuro. Parece por ello que se debe responder al reto de participar en el ambicioso plan espacial internacional con un modelo de desarrollo adecuado y en cooperación. Compartir objetivos, intercambiar conocimiento y mejorar las cosas que hemos recibido es lo que hace prosperar a las Naciones. El acceso al Espacio sirve para eso. Vale la pena.

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