Amores de cajón – por ALEJANDRA MEZA

No quiero que me ames porque soy tu madre
─cauce por el que emergiste al mundo─
pues por mi parte, no te amo por obligación filial
sino porque te juzgo un ser maravilloso.
A veces, desearía que supieras cuánto sufro por vivir sin ti
pero eso… ¿qué remediaría?
Con los años lo entenderás, aunque, tampoco,
será de beneficio.

Ahora lo comprendo.
Este dolor es de los invisibles,
de los que se llevan en un cajón del alma
pues no tienen una salida decorosa,
sin embargo, es un dolor que taladra
que mancilla la cantera del corazón
y por pertinaz, se ha vuelto cruel.

Pon tu mano en el centro de tu cuerpo:
Siente la cruva cicatriz que te revela cuán unidos fuimos
alguna vez,
cuando habitabas el manantial de agua
que adoré con recelo y arrullé en cantos leves.
Tal es la prueba de que soy para ti
aunque tú seas para ti y para otros.

Ahora lo comprendo.
Hay amores que apagan fuegos
y otros que los encienden.
Amores que gozan mientras otros sufren la sentencia bíblica
«una espada atravesará tu corazón»,
tal como existen palabras como truenos
para ser gritadas desde los campanarios
y otras
como las de este poema
que nacieron para ser enterradas.

Harta de escribir acerca de ángeles y sirenas,
o de canciones sobre cunas vacías,
déjame garabatear unos versos encima de estos ojos
que se duermen
abiertos
esperando ver tu todo en la nada.

Mi amor para ti aguardará en ese cajón,
porque hay silencios obligados, amores de cajón.

Alejandra Meza

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