Amalia ya no compra medias – por ELENA SILVELA #misescritos

Amalia ha dejado el hábito compulsivo de comprar medias como si no hubiera un mañana. Ahora tiene un sueño. Un sueño complejo que persigue con ahínco. No os equivoquéis, no ha cambiado un objeto de obsesión por otro. Su personalidad está muy por encima de esa vulgaridad de comportamiento. Ella es única, en su especie y tiempo.

Su sueño, os cuento. Quiere encontrar un novio. Habéis adivinado: no es un novio cualquiera. Claro. Ha de ser guapo y apuesto. E Inteligente. Desconozco la conjunción planetaria que se necesita para aunar esas cualidades, pero intuyo que es complicado.

No ha de tener dinero. No. Ha de ser multimillonario. No hay requisito específico sobre su nombre. Tendrá un perro, eso sí. Macho. No me preguntéis por qué motivo no puede ser hembra, más dulce, dócil y apegada. No. Ha de ser macho. Tiene que estar tan educado que uno sospecha que Amalia busca un novio adiestrador. Negativo. Él, con enormes mayúsculas, es multimillonario y con clase, personalidad arrolladora. Tiene negocios, es un  hombre ocupado y vive en Almagro, en una casa de dimensiones considerables y altos techos en estancias nobiliarias. El perro en cuestión -pasará a llamarse “Argo” en la fase de noviazgo de Amalia- se sentará primorosamente junto a ella, en el sofá frente a la chimenea. Todas las tardes.

Amalia, la princesa. Amalia, la novia del multimillonario. He de decir que Él, con enormes mayúsculas, puede conservar su nombre de pila. Todo un alivio.

Fotografía de Elena Silvela

Elena Silvela

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