Al trasluz de la pintura infantil, por ELENA SILVELA – #escritos

De todos es sabido que de la pintura y de la escritura pueden inferirse emociones, frustraciones, alegrías, carencias. Y el carácter, la personalidad esa intransferible que todos tenemos. Especialmente se descubren matices en los dibujos y pinturas de los más pequeños de la casa.

Unos lápices de color en manos de un niño a quien se le permita dibujar sobre papel lo que quiera representa un indicativo veraz de su estado. Los niños pintan con esa espontaneidad de la desvergüenza que no conoce el miedo. Plasman la vida directa que ven, con total sinceridad. Llenan el papel de colores, su pintura es alegre, simple, impactante. Pintan con el corazón y no con los ojos. Con la emoción y no con la razón. Dibujan con natural anarquía, trazan las líneas y combinan los colores a su modo; ese que no está influenciado por las tendencias ni el qué dirán. No hay reglas estéticas ni plásticas en el dibujo infantil; si acaso, el prurito de no salirse al colorear.

Sus pinturas no tienen perspectiva y ello es debido a una incapacidad de sintetizar y plasmar con corrdinación las diversas escenas del dibujo. Por ello, aparecen las partes de un objeto dispersas o yuxtapuestas. Un sombrero muy por encima de la cabeza, los botones al lado del cuerpo, las manos y pies de un tamaño descomunal…

La explicación de los colores vivos al pintar también tiene una base neurocientífica. La psicóloga Vanessa Simmering, de la Universidad de Wisconsin, asegura que el cerebro de los menores de cinco años no está preparado para relacionar los objetos con sus colores asociados. Las vacas verdes, los árboles azules y las nubes moradas son una buena muestra de ello. En el dibujo que he añadido como muestra, los pájaros son verdes y no son loros… y las estrellas están dentro de una nube.

Uno de los mayores estudiosos de la percepción visual, Arnheim, explica cómo  los niños reflejan en sus dibujos no solo el aspecto visual de los objetos, sino también el movimiento, el sonido u otras características que les llaman la atención.

Su mundo coloreado está cargado de emotividad, expresa directamente el amor recibido o el que les falta. Las iras y miedos o los amores. O la reconfortante sensación de protección, de sentirse arropados. En un dibujo suele haber detalles que determinan la personalidad y lo que siente el niño.

Los dibujos grandes denotan seguridad. Los dibujos pequeños corresponden a niños soñadores. La posición del dibujo en el papel es también indicativo. El niño que dibuja en la parte de arriba del papel es curioso, imaginativo e intelectual. El que pinta en la parte inferior, puede ser un niño realista y estable. La zona de la izquierda indica apego al pasado. El lado derecho indica intención de futuro.

Demasiados colores oscuros muestran trazas de ansiedad o tristeza. El rojo refleja energía y vida, pero también agresividad si se usa demasiado. El amarillo indica optimismo, curiosidad y ambición. El naranja indica impaciencia. El azul muestra tranquilidad, paz e introversión. El verde refleja equilibrio, sensibilidad e intuición. El negro indica confianza en sí mismo y adaptación. El marrón indica estabilidad y responsabilidad. El gris muestra un niño inseguro. El rosa es un síntoma de necesidad de ternura.

El niño que hace tachones denota agresividad. Los trazos redondeados o curvas indican en el niño un espíritu dócil y sensible. Los trazos rectos o geométricos son un síntoma de realismo. Poca presión al dibujar advierte inseguridad. Mucha presión señala agresividad.

Por lo demás, recomiendo disfrutar con los dibujos de los más pequeños, especialmente aquellos que van dedicados. Enmarcarlos con amor y mostrarlos con orgullo, especialmente si son de nietos. 🙂

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Elena Silvela

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