Acerca de la Resiliencia

Mundo, estamos de enhorabuena. ¿Por qué? Porque existe la Resiliencia. En el mundo opera la Resiliencia. Un concepto que aprendí hace tiempo y atesoré con ahínco. Personalmente, puse manos a la obra y potencié mis rasgos de Resiliencia. Por pura supervivencia.

Boris Cyrulnik es el padre amantísimo y estudioso profundo de la Resiliencia. La define como ”el arte de navegar en los torrentes, el arte de metamorfosear el dolor para darle sentido; la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el alma”. Boris Cyrulnik pertenecía a una familia judía de Ucrania. Con apenas siete años, vio morir a sus padres en el campo de concentración de Auschwitz, de donde logró escapar después. Desde entonces, creció en diversos centros de acogida. En su edad adulta, se especializó en escrutar pacientes. Neurólogo, psiquiatra y psicoanalista. Defensor acérrimo de la desdicha y la desgracia, estudió con detenimiento los traumas y su desarrollo.

En física, Resiliencia se utiliza para describir la capacidad de algunos metales para recobrar su forma original después de sufrir una presión deformante. Las ciencias sociales adoptaron este término para distinguir la capacidad del ser humano para enfrentar con éxito la adversidad y rehacerse de una condición traumática. La Resiliencia opera en personas que han sufrido eventos que marcan un antes y un después en su vida. Quienes sufren este tipo de adversidad construyen un espacio interno de fuerza para recuperarse. Es como rescindir un contrato con la adversidad, zafarse de ella con métodos expeditivamente propios, internos. Surge aquí el concepto de persona resistente, aquélla que ante hechos negativos reaparece, resurge cual ave fénix, con características protectoras adheridas a su personalidad. Se ha comprobado  que las personas resistentes tienen un gran sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios en la vida, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de su existencia.

Boris Cyrulnik definió la Resiliencia como la “capacidad que tenemos para desarrollarnos positivamente delante de una adversidad”. Explicaba con sencillez cómo gracias a la Resiliencia “podemos unir las partes de la personalidad que fueron destrozadas por un trauma. Hay que saber cómo se impregnaron dentro de la memoria, cuál es el significado del trauma para cada uno y cómo nuestros allegados y nuestra cultura colocan alrededor de la persona herida los recursos externos que permiten retomar un desarrollo. La memoria y la idea que uno tiene de sí mismo son los lugares donde se encuentra la resiliencia. Un trauma se inscribe dentro de la memoria biológica y deja en ella huellas profundas, una especie de impronta en el cerebro.”

Comienza, pues, a operar la Resiliencia con recursos internos que se impregnan en el temperamento de uno. Se abre la veda de la recuperación del trauma con el dulce proceso de las expectativas. La palabra expectativa designa la esperanza y deseo de conseguir algo. El estar a la expectativa, por lo tanto, sitúa inevitablemente nuestra mente en un lugar distinto del aquí y el ahora. Es un movimiento, un andar necesario y muy beneficioso. La Resiliencia opera poco a poco, hasta que la persona llega a ese punto de equilibrio en que puede recordar su pasado de un modo soportable. Por supuesto, no se vuelve al estado de origen ya que después de una dificultad nunca se vuelve al mismo punto de origen. Cada dificultad o cambio nos transforma en mayor o menor medida, pero el sujeto traumatizado se recupera, se resilienta. Y ¡cómo no! La clave de la Resiliencia reside en los afectos, como casi todo en la vida. Por muy grave que sea lo que haya sufrido un ser humano, la psique es tan flexible que con los mismos ingredientes del contacto humano, el entendimiento, la palabra, el amor, el cariño, puede volver “a flote”. Todopoderosos afectos. De hecho, un enfermo de Alzheimer olvida las palabras, pero nunca los afectos, los gestos, las sonrisas…

Habréis podido observar que me he referido al término Resiliencia con una erre inicial mayúscula. Y no es para menos. Es una tabla de salvación, un seguro de vida, un kit de supervivencia majestuoso. Bienvenida, Resiliencia.

Elena Silvela

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