Acerca de la patria y el nacionalismo – por PEDRO PABLO MIRALLES

Me llama poderosamente la atención la frecuencia con que desde hace algún tiempo, poco, los más cualificados representantes de todos los partidos políticos, reivindican su mayor y mejor patriotismo español y critican a sus oponentes ser menos patriotas que ellos e incluso no serlo. Actitudes que serán muy patrióticas para quienes las practican, pero que me resultan un tanto ajenas y de otras épocas, con ciertas connotaciones excluyentes, guerreras y violentas muy lejanas a mi pensamiento.

El himno patriótico por antonomasia no es otro que la Marsellesa, compuesto en 1792 por el capitán Rouget de Lisle, por encargo de autoridades civiles y militares de Estrasburgo ante el enfrentamiento bélico que se avecinaba de la coalición de reinos europeos contra la república francesa. El título original que le dio su autor fue el de Chant de guerre pour l’armée du Rhin. La letra defiende el espíritu guerrero en defensa de la Patria, la revolución y la libertad, en contra de la tiranía.

Contemplo la marsellesa desde la belleza de sus notas musicales y como símbolo de grandes avances sociales y políticos de nuestro país vecino, que sin duda han influido mucho en la implantación de la libertad y la democracia en tantos lugares del planeta en los que ha sido interpretada y cantada. Sin ir más lejos, baste recordar que la marsellesa se pudo escuchar por las calles de España a raíz de la proclamación de la I y II República (1873 y 1931).

A pesar de todo no me gustan las letras de los himnos nacionales por bonitas que sean sus notas musicales, por esa dosis guerrera, de contenido violento y de exclusión de lo no nacional, que se compadece poco con la convivencia pacífica y democrática que los seres humanos siempre han necesitado y siguen necesitando hoy en día. ¡Cuánta sangre se ha derramado inútilmente por patriotismos, nacionalismos, banderas y de fondo los himnos nacionales!

Desde que nací soy español porque las leyes me atribuyen la nacionalidad española como estado civil, me guste o no me guste. Nadie me ha preguntado al respecto si quiero serlo o no. Nací en Madrid y en esta villa siempre he vivido, la tengo gran cariño. Algo he viajado en la vida, he conocido lugares donde me he encontrado más cómodo que en otros, disfruto conociendo otros pueblos y culturas y amo todos los lugares por donde he viajado en España y otros continentes. ¡Hay que ver lo que se puede aprender viajando!

La exacerbación del patriotismo, los nacionalismos y las banderas no solo se dan en España, es un fenómeno muy generalizado en todas las latitudes. Los himnos nacionales y las banderas que suelen acompañarles, donde más se escuchan y se ven en las últimas décadas es en los campos de futbol y en competiciones deportivas varias, creando un ambiente un tanto singular, disparatado y grotesco que para muchos se convierte en el mejor barómetro de patriotismos y nacionalismos.

Como dicen que el patriotismo es la forma de expresar el amor a la patria y cuanto más mejor patriota, confieso que el amor al que aspiro practicar es muy diferente y quizá más ambicioso aunque eso sí, incluye a patriotas y nacionalistas. Así pues, las cosas claras y que me disculpen los discrepantes que no serán pocos en estos momentos pero, por lo que a mí se refiere, ni patriota ni nacionalista.

 

la Tierra desde la órbita lunar. Agencia espacial nipona JAXA

Pedro Pablo Miralles

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2 comments

  1. Me parece muy bien esa posición, de amar su país sin patriotismo ni nacionalismo exacerbado. Personalmente, soy español no por casualidad sino por decisión propia, no habiendo optado por las otras dos posibilidades que se me ofrecían, Bélgica por nacimiento, EEUU por matrimonio. Estoy bien así, sin considerarme tampoco ni patriota ni nacionalista, aunque he decidido vivir en Lisboa, que es más sosegada, a pesar del titulo del famoso libro de Fernando Pessoa.

  2. Totalmente de acuerdo Pedro, suscribo todo lo que dices. Personalmente me considero un cosmopolita, un ciudadano del cosmos entero, -y eso que pocas veces salgo del barrio, aunque tengo un telescopio-. Los nacionalismos y las patrias tratan de dar una identidad perdida al desarrollo del propio capitalismo. Con el surgimiento y el desarrollo pleno de las ciudades cobra sentido la patria y la nación (inventos modernos), pues las gentes dejan de pertenecer a una tierra al huir de los campos. El ser humano busca una identidad y un sentido, pero se extravía cuando cree encontrarla en las patrias, las banderas y las naciones, pues la mayor de las veces sólo aumenta el odio y la guerra. Si acaso, me suscribo a una matria, a la madre tierra y sus garbanzos y naranjas.

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