A Day In The Life (sin mi iPhone)

Aparco en la estación de Atocha, son las 7:30 de la mañana. Salgo del coche y hago el gesto maquinal de palpar los dos bolsillos de mi americana. Siento una ligereza extraña en el izquierdo, y mi corazón se estremece de pavor. Echo en falta el volumen y la forma rectangular de mi iPhone mientras la sensación de alerta roja enciende todas mis conexiones neuronales.

Mi AVE sale a las 8:20, hago un cálculo rápido de posibilidades de vuelta a casa. Imposible. Llamar a Constanza y pedirle que me lo traiga, tampoco. Mi hija que estará en fase REM profunda, en absoluto me parece una opción realista.

En el otro bolsillo noto la pérfida presencia de mi Blackberry, esa sí que nunca falta en su plenitud de inutilidad y obsolescencia no programada. Ya he hecho un cálculo rápido de las bajas y daños colaterales. Para empezar, tendré que comprar El País en papel cuyo cierre fue a las 24 horas de ayer, como mucho, y que además no se actualiza ni a tiros. Me conformaré con los artículos de opinión que al menos tienen vocación de permanencia y no sufren la mortalidad inmediata de la noticia, la letal consecuencia del paso del tiempo sobre la actualidad.

Paso los controles de seguridad y camino a paso lento por el andén buscando mi vagón. A estas horas de la mañana la magnífica estación diseñada por Moneo es tan fotogénica como siempre. La he fotografiado y publicado en Instagram infinidad de veces, hoy no podré. Ni los bellos paisajes por los que discurrirá el AVE en su majestuoso viaje hacia el sur, ni mi prevista comida en El Cabra, en Pedregalejo. Los espetos que asarán para mí en la barca de la playa no serán inmortalizados, no.

Tampoco rechistaré en Twitter y mi angustia se dispara cuando pienso en las llamadas, los whassaps y los mensajes de correo electrónico que recibiré, y que se quedarán en el éter del ciberespacio sin ser respondidos.

A las 8:20 en punto el tren arranca camino de la estación María Zambrano de Málaga. Antes de caer profundamente dormido, hago una llamada de socorro a Constanza para decirle: “Por favor, manténme informado de todo lo que ocurra en mi ausencia, échate mi iPhone al bolso y cuéntame

Antonio Babío

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