A cualquier puede sucederle – por PABLO RODRÍGUEZ CANFRANC

Gran osamenta de locomotora
yace semienterrada en el asfalto
como una evidencia tardía y negra
de la mala praxis en arqueología
y, sin embargo, las manadas jóvenes
salen y entran en la boca de metro
huyendo de la noche despejada
en busca de los barrotes del alba.
Hosana al nuevo día.
Semáforo verde y la turba avanza
hundiendo los pies en el alquitrán
y convirtiéndose en blanco perfecto
del francotirador del campanario,
quien, con gesto emotivo, acaricia
el proyectil cuando lo introduce
en el cargador, aunque es bien sabido
que el tiempo muere de forma implacable.
Ya no habra salvación.
El caso es que la ciudad despereza
toda cubierta de helados cadáveres
de locomotora, un oscuro osario
que emerge en los jardines y plazuelas
como quien anticipa el devenir
de la era industrial, la broma dialéctica
que hace reír a Marx bajo sus barbas
y sonrojarse con gesto ofendido
al cansado y viejo Hegel.

Pablo Rodríguez Canfranc

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