5.- La vida… – por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #PrincesadeÉboli

El arsenal dispuesto, como si de una guerra se tratara. La seducción avanzaba sinuosa recorriendo recovecos, explorando cualquier rincón, escudriñando al milímetro el terreno. La princesa despliega su sensualidad, sus encantos atrapan  la voluntad del joven rey.

Años de gloria en los que Ana se mueve en la Corte con destreza; años brillantes en la posición de una dama en la nación más poderosa del mundo; años que corren gozosos encumbrando a la princesa.

Y años que llegan a su fin, que muestran la otra cara de la moneda.

¿Sería un comentario imprudente?, ¿o la cercanía de la princesa a don Juan de Austria?, ¿quizás un desplante al rey?

Desconfianza, desengaño, sospecha…

El esplendor de la princesa caía por una cuesta empinada, sin vuelta atrás. Aunque el rey no prescindirá de su marido, es alejado del centro de poder confiándole a su hijo, el príncipe Carlos. Un cambio  que hará que el portugués ate más de cerca a su mujer. Seguirán diez años en los que a la princesa, recluida en su casa, no se la ve, se mantendrá alejada de las intrigas palaciegas, dedicada a criar a sus diez hijos. La luz del príncipe de Éboli queda ensombrecida  por la el duque de Alba y por la de don Juan de Austria, los conflictos militares, en los que el despliegue del Imperio es colosal, así lo exigían.

Tiempos turbulentos acaparan todas las fuerzas disponibles;  la defensa de la isla de Malta, la rebelión en los Países Bajos, la de los moriscos de las Alpujarras, o la victoria de Lepanto marcan hitos y desgastan cuerpos y almas. Años empañados de tristeza que herirán brutalmente  al rey con la rebelión, prisión y muerte del heredero.

Felipe II no se olvidaría de Ruy Gomes de Silva; lo convierte en Grande de España nombrándolo duque de Pastrana, villa que sería el lugar preferido de los príncipes, donde construirían su palacio y que alcanzaría una importante actividad económica de la mano del luso; el cultivo de morera para la fabricación de seda sería el comienzo. Después vendría la licencia regia para ferias anuales o el establecimiento de dos conventos de carmelitas descalzos.

Y la muerte acudió de nuevo llevándose a aquel hombre a la edad de 57 años. Y la vida de la princesa se detuvo, la desesperación anidó en ella, el dolor y la congoja pasaron a ser los actores principales.

 

Duques de Pastrana

Lola Sánchez Lázaro

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