2.- Amistad – por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #PrincesadeÉboli

Amigo y confidente del príncipe Felipe desde la infancia, Ruy Gomes de Silva, aquel portugués que llegó a España en 1526 con el séquito de la tan querida emperatriz Isabel, se prometía casi tres décadas después a Ana, una pequeña niña de doce años. La disparidad entre ambos linajes era evidente; sin embargo, la propuesta fue aceptada, no en vano el Príncipe de las Españas era el colchón del luso, la balanza quedaría compensada.

Sin bienes, carente de fortuna, aquel noble de mediano linaje se dejó mecer en la generosidad de su protector quien, aun con la Hacienda Real al borde de la bancarrota, desplegó una generosidad sensacional. Dos caras de una moneda; regocijo y descontento, seguridad y frustración, el ilusionado novio y los resignados padres.

La presión de Felipe II abrió y cerró el episodio; así se haría, las capitulaciones matrimoniales quedarían firmadas el 18 de abril de 1553. Se especificaba que la consumación del matrimonio no se realizaría hasta dos años después. Dejaba margen para respirar a los condes de Mélito; poco tiempo pero suficiente como para que la rueda del destino pudiera dar la vuelta.

Y mientras, el Emperador se deslizaba por una pendiente, su energía se evaporaba, la gota le obligaba a permanecer en el lecho.

Y de nuevo, la muerte. Apareció llevándose tras de sí en Londres a Eduardo VI.

Y de nuevo, un trono vacante. Y una mujer con claros derechos: María Tudor.

Y de nuevo, Carlos V emerge. El trono de Inglaterra no era cosa baladí.

Su hijo, viudo de María Manuela de Portugal, sería el elegido. Y así, Felipe parte de La Coruña en el verano de 1554. Lo mejor de la Corte le acompañaría, y un lugar preferente lo ocuparía Ruy Gomes de Silva; su boda tendría que esperar, la fecha de regreso se desconocía.

 

Ruy Gomes de Silva

Lola Sánchez Lázaro

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